Mario Caballero / Columna

Letras Desnudas / Mario Caballero 

*** Crónica de una debacle 

Todo empezó hace dieciocho años. Roberto Albores Guillén era quien gobernaba Chiapas. Había sido designado para asumir un gobierno interino en enero de 1998 en sustitución de Julio César Ruiz Ferro, que acabó huyendo del estado acusado de ser el autor intelectual en la matanza de Acteal. Sin embargo, la llegada de Albores no mejoró las cosas.
Durante su mandato, Albores Guillén se enfrascó en un conflicto con el entonces senador Pablo Salazar Mendiguchía, quien continuamente lo denunciaba por actos de corrupción. Aunque esos no eran todos los motivos, pues Salazar se había convertido en un fuerte aspirante a la candidatura del PRI al Gobierno del Estado y el exgobernador hizo todo a su alcance para impedirlo.
Se cuenta que Roberto Albores pagó millones de pesos para que varios medios de comunicación tanto locales como nacionales realizaran una campaña de desprestigio en contra de Pablo Salazar. Fue entonces que se dio a conocer una investigación en la que se descubrió que el senador ostentaba un título y cédula profesional falsos, así como la cartilla del servicio militar. No fue todo. Por las influencias de Albores, el PRI armó todo un teatro sólo para negarle la candidatura a Pablo.
El partido de Plutarco Elías Calles es una institución pletórica de malas costumbres y peores hábitos. Uno de ellos es darle la facultad al gobernador saliente de elegir al candidato priista, y Albores Guillén señaló con su dedo todopoderoso al perfumado Sami David David, quien terminó aplastado por Salazar Mendiguchía que logró armar una alianza con los ocho partidos de oposición.
Una vez en el poder, Pablo persiguió al exgobernador y encarceló a varios miembros de su gabinete acusados de corrupción. En esos años, Albores Guillén fue obligado a enfrentar un proceso legal por presunto enriquecimiento ilícito, y su esposa fue demandada por haber distribuido soya de consumo para animales y darla como desayunos escolares en cientos de escuelas en todo Chiapas, eso cuando ella era presidenta el DIF estatal.

SEIS AÑOS DESPUÉS
Al final de cuentas, ni Albores ni su esposa fueron a la cárcel. No obstante, el exgobernador buscó la gubernatura en 2006 pero el PRI le negó la candidatura a dicho cargo. Dolido, buscó la de senador y no pudo ni siquiera obtener la de diputado federal. Dice un refrán que si no puedes con tu enemigo, únete. A la sazón, el exmandatario se unió a su antiguo némesis Pablo Salazar para impulsar a Juan Sabines Guerrero que acaba de ser postulado por el PRD al Gobierno del Estado. Fue así que los tres ex priistas se aliaron para combatir al PRI.
Por la traición, la dirigencia nacional del PRI expulsó a Albores Guillén ese mismo año, y en solidaridad a su padre Roberto Albores Gleason renunció al partido y a la senaduría suplente de la cual era propietario el actual gobernador Manuel Velasco Coello. De esta manera, padre e hijo se dedicaron de tiempo completo a hacer proselitismo a favor de Sabines Guerrero.
Salazar, que tuvo que coquetearle a Andrés Manuel López Obrador para que aceptara la candidatura de Sabines, dispuso de toda la estructura del gobierno (IEPC incluido) para hacer ganar a quien podríamos llamar su candidato. Por su parte, Albores Guillén organizó una importante operación política para sacar adelante ese proyecto. Le invirtió dinero, tiempo y esfuerzo. Pero nada era en vano porque los beneficios eran mutuos: Salazar recibiría impunidad de parte de Sabines Guerrero y éste encaminaría la carrera política de Albores Gleason.
Fiel al acuerdo, Juan Sabines incorporó a Albores Jr. a su gabinete nombrándolo secretario de Fomento Económico y después le entregó la titularidad de la Secretaría de Turismo y Proyectos Estratégicos, esto durante la primera mitad del régimen sabinista. Se comenta que una encomienda que tenía Albores Gleason era operar con recursos de dichas dependencias a favor de los candidatos perredistas en Comitán, y de paso éste abusó de su autoridad para beneficiar los negocios de su familia.
A Pablo Salazar no le fue tan bien, ya que el gobernador Sabines lo persiguió hasta ponerlo en prisión. Ahí estuvo poco más de 18 meses, tras lo cual, mediante un acuerdo político con el gobernador, salió libre y exonerado de todos los cargos con la condición de que después no lo demandara.
De 2009 a 2012, Roberto Albores Gleason ocupó una curul en la Cámara de Diputados, impulsado por Juan Sabines obviamente, pero en el intermedio el gobernador le daría el regalo de su vida. El 9 de agosto de 2011, Albores hijo fue designado presidente estatal del PRI, dádiva política que fue fruto de una negociación del gobernador de Chiapas con Humberto Moreira, entonces dirigente nacional del tricolor.
Empero, meses más tarde Moreira renunció al cargo y Albores Gleason y su padre quisieron aprovecharse de eso para incumplir el acuerdo de que el PRI apoyaría la candidatura de Manuel Velasco Coello a la gubernatura, yendo en coalición con el PVEM. El objetivo era bajar a Velasco y subir al vástago, pero la cúpula priista no lo permitió por más súplicas que hicieran Sabines y Albores Guillén.
En las elecciones de 2012, lo último que hizo Juan Sabines por su ahijado antes de dejar el poder fue darle la senaduría del PRI.

CONSTRUYENDO EL FRACASO
Los fracasos en la política no son accidentales, sino circunstanciales. Antes de cualquier elección se planean las jugadas, se acomodan las piezas del tablero, se desechan las opciones que se presumen opuestas, se establecen las metas y se definen de acuerdo a los intereses personales o de grupo. Finalmente se organiza todo un programa de actividades que acompañará al candidato hasta el día de las elecciones. De tal manera, si se pierde la votación será por haber hecho mal los cálculos.
Desde un inicio se supuso que la imposición de Roberto Albores en el PRI era contraproducente. Antes, durante y después de su designación, la militancia exigía a la dirigencia nacional un relevo democrático y transparente, y cuando ésta se dio provocó una avalancha de indignación y muchos no la reconocieron.
La administración alborista se traduce en malos resultados electorales, corrupción y degradación política. Cuando Gleason asume el cargo el PRI tenía 59 ayuntamientos y después de la elección de 2015 apenas gobernaba en 24. Además, la militancia se fue dividiendo, priistas importantes renunciaron y los pocos grupos que se fueron formando en su interior eran opositores a la dirigencia.
Roberto Albores debió dejar el cargo el 8 de agosto de 2015, pero dejó que su liderazgo se alargara lo más posible con tal de imponer su candidatura al Gobierno del Estado. Fue entonces que, en abril de 2017, siete exdirigentes del partido exigieron a la presidencia nacional del PRI su destitución, acusándolo de violar los estatutos partidistas, quebrantar los derechos políticos de la militancia, desviar 300 millones de pesos de las prerrogativas y demeritar la influencia del PRI en el gobierno. No hubo respuesta.
El 11 de marzo de 2017, Albores Gleason se había casado con Karla Esmeralda Méndez Marrufo, y sus padrinos de boda habían sido Enrique Ochoa Reza, entonces presidente nacional del PRI, y Aurelio Nuño Mayer, secretario de Educación Pública y mano derecha de Enrique Peña Nieto. Así que era lógico que lo protegieran y desestimaran cualquier petición de despido en su contra. Y como buenos padrinos intercedieron por él ante el Presidente de la República para ungirlo candidato a la gubernatura de Chiapas.
Esa nueva imposición trajo graves conflictos al proyecto de Roberto Albores. En primer lugar, los partidos de la coalición que lo respaldaban terminaron por abandonarlo. Muchos priistas, molestos optaron por apoyar a otros candidatos. Y, lo peor, la sociedad decidió negarle el voto después de que éste condicionara los diferentes programas sociales, como Prospera, para la compra de votos y el financiamiento de su campaña.
El 1 de julio de 2018, Roberto Albores Gleason terminó en un ridículo tercer lugar. El respaldo que le dio su padrino Juan Sabines no le sirvió de mucho. Una mala reputación no se quita ni con todo el dinero del mundo.
“Era fácil derrotar a una sociedad que no creía en nada” escribió Julia Navarro en La sangre de los inocentes. Y esta sociedad, nuestra sociedad, la chiapaneca, ya había creído en una esperanza, y esa definitivamente no era Albores. ¡Chao!

@_MarioCaballero

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