Mario Caballero / Columna

Letras Desnudas / Mario Caballero 

*** Lucrar con la necesidad de los niños 

Qué un maestro anteponga sus intereses personales y desatienda su responsabilidad de educar, condena a los niños a la miseria y la ignorancia. Pero que un funcionario público esté engordando sus bolsillos con el dinero destinado al cuidado y mejoramiento de las escuelas, pone en riesgo la vida de cientos de inocentes. Y, al parecer, eso es lo que está haciendo Javier Utrilla Galindo, el nuevo titular del Inifech.

Utrilla Galindo es ingeniero agrónomo zootecnista. Se ufana de hablar inglés en un 90 por ciento y de tener un diplomado en Liderazgo y Gerencia Empresarial. Empero, paradójicamente, tiene un curso en Manejo de Personal y es un experto maltratando a las personas. Déspota y arrogante son términos demasiado elegantes para describirlo.

No es ningún político importante y mucho menos tiene rasgos de vocación por el servicio público. Durante casi toda su vida profesional desempeñó puestos en la iniciativa privada. Por poco menos de tres años fue gerente comercial en una empresa del Grupo Carso y por más de diez fue gerente y presidente del consejo de la Parafinanciera SPUVC. Y después de estar dos años al frente de la gerencia de comercialización de una inmobiliaria, en octubre de 2016 fue nombrado secretario técnico del Órgano de Fiscalización Superior del Congreso del Estado, cargo por el que se le acusa de corrupción, nepotismo, desvío de recursos públicos, amenazas y abuso de autoridad.

Antes de eso, la Financiera Nacional de Desarrollo Agropecuario, Rural, Forestal y Pesquero, organismo descentralizado de la administración pública federal, demandó a Javier Utrilla Galindo en un proceso civil y administrativo. El expediente es el número 237/2016. El 12 de agosto de 2016, el juez del Cuarto Distrito de Amparo y Juicios Federales lo condenó junto con Josefa Gordillo Orantes a pagar 166 mil 992.34 pesos, y en un inicio se negó a pagar. Con eso ya había dado muestra de su falta de honestidad, ¿cómo fue que lo designaron para un cargo tan importante en el OFSCE?

Quienes trabajaron con él o para él son sus principales acusadores. Mediante una carta dirigida a la opinión pública a finales de junio de 2017, un grupo de trabajadores del Órgano de Fiscalización denunció que dentro del departamento a cargo de Javier Utrilla se cometían una serie de irregularidades, corruptelas y violaciones a los derechos humanos.

La función primordial del Órgano de Fiscalización es revisar la cuenta pública del estado y los municipios de Chiapas, así como de las diferentes dependencias gubernamentales. Y, presuntamente, Utrilla Galindo y otros altos funcionarios del mismo organismo extorsionaban a los alcaldes con tal de que éstos no salieran afectados en la rendición de cuentas y fueran a parar a la cárcel.

Dicen que por todo hacía negocio. La Secretaría Técnica del OFSCE se basaba en la corrupción. Cuando no era él quien hacía las negociaciones, era el encargado de encubrirlas para que no salieran a la luz pública.

En la misma carta, se revela que Javier Utrilla fue cómplice en la imposición de cuotas que iban desde los 50 mil pesos sólo por abrir el sistema contable municipal para hacer correcciones menores, hasta los 300 mil y los dos millones de pesos por solventar observaciones graves sin que hubiera ninguna responsabilidad legal para los alcaldes o funcionarios corruptos.

¿Cuánto dinero se embolsó Utrilla por tapar la cloaca, chantajear alcaldes y ocultar los desfalcos al erario de los chiapanecos? Creo que ese dato nunca lo sabremos.

MOCHES, DIEZMOS Y DESVÍOS

Llegó a la Dirección General del Instituto de la Infraestructura Física Educativa del Estado de Chiapas (Inifech), de la misma manera en que los malhechores se meten a la casa ajena. Recibió el nombramiento un día domingo, el 22 de abril de 2018, y bajo el más implacable sigilo. Su ascenso no se hizo público, según por respeto a la veda electoral.

La importancia del Inifech no sólo radica en el tamaño de su presupuesto, también porque es la dependencia donde descansa la obligación de programar la construcción, rehabilitación, reubicación y certificación de los espacios donde niños y jóvenes son educados para convertirse en mujeres y hombres de bien. Por lo tanto, del buen o mal trabajo que haga ese instituto depende la seguridad y el confort de nuestros hijos. Lamentablemente, está actualmente convertido en una olla de pudrición.

Lo primero que hizo Javier Utrilla fue despedir una buena parte del personal. Dichos despidos se dieron de manera injustificada y arbitraria. Y hay rumores de que algunos trabajadores no fueron liquidados conforme lo marca la ley y muchos otros ni siquiera recibieron promesa de pago.

Por otro lado, empresarios del sector constructor lo acusan de estar cobrando un moche de hasta el 20 por ciento del valor total de las obras de reconstrucción de escuelas afectadas por el terremoto del 7 de septiembre de 2017, que en su conjunto alcanza una inversión superior a los mil 200 millones de pesos. Así que estamos hablando de que el director del Inifech se estaría embolsando alrededor de 240 millones de pesos, aunque la primera parte de ese recurso fue ejercido en la administración anterior.

A mediados de julio pasado, Utrilla anunció que Chiapas recibirá la segunda y última ministración del Fondo Nacional de Desastres Naturales para rehabilitar y reconstruir el cien por ciento de las escuelas siniestradas. El monto total es de 633 millones 41 mil 983 pesos. No obstante, se corrió el barrunto de que los constructores ya han sido amenazados por el director del Inifech que les ha exigido el diezmo o no les paga las facturas del trabajo ya realizado.

A todo esto, son muchas las autoridades de planteles escolares que señalan la falta de profesionalismo y compromiso de Javier Utrilla, que no ha dado continuidad a los trabajos de reconstrucción y en muchos casos ni siquiera ha programado el derrumbe de instalaciones dañadas que representan un peligro latente para los alumnos que están a días de volver a clases.

Un ejemplo de la indiferencia y corrupción de Utrilla es lo que ocurre en la escuela primaria Juan Benavides, ubicada en la avenida central oriente de Tuxtla Gutiérrez, que acoge a más de 600 alumnos y que fue una de las más afectadas en el terremoto. Al momento que Protección Civil la dictaminó con daño estructural, la comunidad estudiantil tuvo que abandonar las instalaciones con la promesa de que en el nuevo curso escolar, o sea el próximo, volverían. Pero hasta el momento sólo se ha realizado la demolición.

El director del plantel, Alfonso Alvarado Gutiérrez, informó que la reconstrucción de su escuela se haría pero no con recursos federales, sino gracias a la donación de 30 millones de pesos de la Fundación Bancomer, que sería nada más para comenzar con la obra. Pero el Inifech dijo que del total de ese dinero sólo se darán 15 millones. ¿Por qué?

Los padres de familia, maestros, directivos, autoridades educativas estatales y demás competentes, deberían presionar para que se haga una exhaustiva investigación sobre el destino de dichos recursos porque a simple vista se trata de un fraude, de un desvío de dinero que está siendo ejecutado bajo las órdenes o la complicidad de Javier Utrilla Galindo.

¿QUÉ HARÁ EL FUTURO GOBERNADOR?

El escandaloso saqueo que existe en el Inifech es parte de un gravísimo proceso de corrupción institucional. Todo lo que se ha expuesto de Utrilla Galindo es una descripción elocuente de la deformación oligárquica que desde hace muchos años se ha vivido en ese organismo público. Y el único pago a la injusticia y los abusos de poder, es la cárcel.

La pregunta es ¿qué hará el futuro gobernador de Chiapas?

El Doctor Rutilio Escandón Cadenas, al igual que el presidente López Obrador, ha ofrecido un cambio radical en el ejercicio del poder, pero ¿perdonará a los funcionarios corruptos aunque eso signifique enfrentarse a un gobierno agraviado y con crisis económicas o aplicará la ley en un acto de justicia a los chiapanecos?

Sin duda, toda la legitimidad que recibió Escandón Cadenas el 1 de julio debe ser convertida en políticas públicas que generen confianza, paz y sobre todo gobernabilidad. Porque de ninguna manera debe quedar impune que un funcionario se enriquezca con la necesidad de los niños de tener una escuela segura. Y, de ser ciertas las acusaciones, Javier Utrilla Galindo está por convertirse en un nuevo millonario de Chiapas ganando una fortuna al poner en riesgo la vida de nuestros hijos. ¡Chao!

@_MarioCaballero

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