Mario Caballero / Columna

Letras desnudas  / Mario Caballero

*** La familia de Juan Vargas

La película La ley de Herodes ha sido muchas veces confundida con la novela del escritor guanajuatense Jorge Ibargüengoitia, que lleva el mismo nombre pero que no tiene ninguna relación. Sin embargo, la lucidez con que este film mexicano revela la realidad política de México es extraordinaria. No sólo la actuación y la calidad de los diálogos son destacables, sino también la trama: un hombre pobre y honesto que tras recibir un poco de poder se convierte en un gobernante avaricioso e inhumano capaz de cometer los peores crímenes.
La historia se desarrolla en San Pedro de los Saguaros, Michoacán, un pueblo miserable y polvoriento donde mandan el presidente municipal, el sacerdote y la madrota, quienes se enriquecen con el trabajo de los indios. Simbólicamente son México, el gobierno, la Iglesia Católica y los empresarios, enredados en una madeja de complicidades en la que la política está al servicio de la élite y alejada de los intereses comunes.
Hasta ese desgraciado lugar llegó Juan Vargas acompañado de su señora esposa. No llevaba más que un par de maletas y un viejo automóvil descascarado. Era pobre, ya que antes de que obtuviera el puesto de alcalde interino era el administrador de un basurero. Así que cuando el gobernador lo mandó a llamar para darle el nombramiento, sintió que se le hacía justicia por los muchos años de militancia. “Te lo dije, vieja, que algún día iban a ver lo valioso que soy para el partido”, le dijo a su consorte mientras se instalaban en una casucha que se caía a pedazos.
En un primer momento pensó en luchar por el desarrollo de los habitantes y gestionar obras. Así que viajó a la capital del estado y el gobernador se burló de sus buenos deseos. Aquí no hay dinero para nada de eso -le dijo-, pero te voy a ayudar. Le dio una pistola y una copia de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
Aquí le doy la razón a López Obrador que calificó como mafia del poder al grupo que gobernó durante más de siete décadas a México, mafia política que hizo del crimen su modo de vida. Y eso lo entendió muy bien Juan Vargas después de su encuentro con el gobernador. Supo que el poder hace más fácil el camino a la riqueza y redistribuye las ganancias políticas entre los miembros de la cúpula.
De tal modo, tomó la Constitución y la puso sobre su vetusto escritorio, releyó cada uno de los artículos y los fue modificando para satisfacer su apetito de poder. El único facultado para cambiar las leyes es el Congreso, pero Juan Vargas arrancó las hojas y le fue dictando a Pek, su secretario, los nuevos artículos.
Con esas “reformas” hizo que los habitantes pagaran impuestos por cualquier cosa. En su locura incrementó el periodo de gobierno de tres a ocho años, con opción de reelegirse hasta diez veces. Nada quedó de aquel hombre que soñaba con transformar la localidad. En su lugar nació un político corrupto y sanguinario que se apropió del pueblo.
Ante su poder, el cura se hizo un aliado, pero no doña Lupe, la dueña del congal que lo recriminaba por los altos impuestos y por abusar de las muchachas. Pues a Juan Vargas no le bastaba el efectivo, también cobraba con cuerpo. Empero, una noche la matrona se negó a continuar soportando los abusos del presidente municipal y éste la mató a tiros por amenazarlo y convertirse en un obstáculo para sus pretensiones.

Los Córdova
La Ley de Herodes, por supuesto, no es de las mejores cintas del cine mexicano, aunque la ficción que guarda ha cobrado vigencia en la realidad de muchos municipios de Chiapas que han sido gobernados por auténticos caciques que se sienten dueños de la vida de sus gobernados.
“El Estado es la gran ficción a través de la cual todo el mundo se esfuerza en vivir a expensas de todo el mundo”, escribió Frederick Bastiat. En el municipio La Concordia hay una familia que vive a expensas del sufrimiento, las carencias, la falta de oportunidades y del dinero público: los Córdova García.
Miguel Ángel Córdova Ochoa es el Juan Vargas de la vida real. Hoy es sin duda un hombre poderoso y rico, pero antes de eso era un miserable que no tenía ni para darle de comer a su familia.
De 2002 a 2004 fue presidente municipal de La Concordia. Desde ese tiempo se le conoce con el apelativo del amigo Migue, pero su gestión fue un fracaso. No realizó ninguna obra, y sí estuvo implicado en presuntos desvíos de dinero público que según fue invertido en terrenos, ranchos, casas, joyas y automóviles del año.
Después de eso se relacionó con el exgobernador Juan Sabines Guerrero, y aunque no fue de los consentidos de ese sexenio fue diputado local.
En el gobierno de Manuel Velasco fue titular de la Secretaría de Desarrollo y Participación Social, dependencia estatal que convirtió en una cueva de ladrones. En la nómina incrustó a sus familiares, amigos y compadres, y con sus principales colaboradores urdió una red de corrupción con la que supuestamente desvió dinero a sus cuentas personales, acosó a los trabajadores y dotó de recursos financieros, humanos y materiales al Partido Chiapas Unido, propiedad de Sabines Guerrero.
Después de ser secretario fue nombrado dirigente estatal de dicho organismo político, pero seguía teniendo metidas las manos en el presupuesto de Sedepas, donde el desfalco a los programas sociales está cuantificado en varias decenas de millones de pesos.
Herodes le heredó el poder a sus tres hijos: Arquelao, Herodes Antipas y Filipo. Igual hizo Córdova Ochoa, quien primero promovió la candidatura de su hijo Emmanuel Córdova García a la alcaldía de La Concordia, en 2015. Se dijo que Emmanuel ejerció muchísimo dinero para hacer campaña, además de que contó con personal y camionetas de la secretaría.
Durante el tiempo que duró ese proceso electoral se denunció que en la entrada al municipio, conocido como El zapotal, hombres armados detenían a los automovilistas con el pretexto de revisar si llevaban armas o drogas, pero al final los amenazaban: “Emmanuel es nuestro candidato. Ahí les encargamos”.
Emmanuel Córdova fue presidente municipal de 2015 a 2018. Y si la gestión de su padre fue una catástrofe, la de él fue incluso peor. Los pobladores señalaron que era un borracho que toda la semana se la pasaba de antro en antro en Tuxtla Gutiérrez, y que cuando estaba en la ciudad siempre andaba empistolado y acompañado de un grupo armado con el que intimidaba a los líderes campesinos y a sus opositores políticos. Así, mientras el joven alcalde se la pasaba en las carreras de caballos o rehabilitándose en algún centro para enfermos alcohólicos, Miguel Ángel Córdova gobernaba el municipio.
Este 2018, Córdova Ochoa hizo hasta lo imposible para que Emmanuel fuera sustituido en la alcaldía por José Miguel Córdova García, su otro hijo. Lo hizo a pesar del hartazgo de la gente que acusa a toda su familia de enriquecerse con el dinero del pueblo. Cuentan que el día de la elección El amigo Migue contrató un grupo de pistoleros de Guatemala que se paseó por toda la ciudad amenazando a los pobladores para que votaran por “El Mike”. Y éste ganó.
Hace pocos días, una multitud salió a manifestarse a las calles de La Concordia en contra de la imposición de Mike. Una manta decía: “A los Córdova García aquí ya no los queremos”. Mientras eso ocurría en el municipio el nuevo alcalde estaba festejando el cumpleaños de su hijo en Tuxtla Gutiérrez, en una fiesta que costó casi un millón de pesos.

Un final feliz
La Ley de Herodes carece de un final feliz. Juan Vargas termina huyendo del pueblo para evitar ser linchado, pero al final se le ve tomando protesta como diputado. Sus superiores lo protegieron y premiaron la corrupción. El final de la historia del Amigo Migue y su familia debe ser diferente, en el que haya justicia y los delincuentes acaben tras las rejas.
En primer lugar, porque tanta riqueza es imposible que tenga orígenes lícitos. El estilo de vida de esa familia es como la de los jeques, con lujos, excentricidades y vicios costosos. Recientemente, importaron seis caballos de carrera de Estados Unidos por un monto de 357 mil dólares.
Aparte, se tiene que investigar cómo es que Dámaso Miriam García, esposa de Miguel Ángel Córdova, se convirtió en criadora de ganado suizo americano cuando antes no tenía ni para ir al mercado. También por la compra que hizo la familia de casi 300 hectáreas de riego en el ejido La Tigrilla y por los dos ranchos en La Concordia valuados en muchos millones de pesos. ¡Chao!

@_MarioCaballero

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