Mario Caballero / Columna

Letras Desnudas / Mario Caballero

*** Migrante, ¿a quién le sigues el juego?

En las llamadas caravanas migrantes hay muchas cosas extrañas. ¿A poco no le parece raro que los centroamericanos se estén movilizando en masa cuando históricamente eso nunca había sucedido así? ¿Por qué esa obsesión casi irracional de llegar a Estados Unidos a pesar de las amenazas que les ha declarado el gobierno de ese país? ¿Por qué ese empeño de llegar caminando hasta allá? Y, por último, ¿por qué ahora?
Caminar miles de kilómetros a Estados Unidos me parece algo incomprensible, una autoflagelación. Una cosa es no tener posibilidades económicas y legales de transportación, y otra muy diferente querer exhibir la migración como algo inhumano, como queriendo publicitar metro a metro su martirio, su infelicidad y la urgencia de que los vean como los abandonados de Dios. Llevar el objetivo al extremo, supera por mucho la necesidad. Provocarse el dolor es exclusivo de masoquistas.
No niego, por supuesto, la terrible realidad en que viven millones de hondureños y salvadoreños. En el caso de Honduras, por ejemplo, a la violencia y pobreza hay que sumarle la crisis política que ha tensado la situación de un país tradicionalmente pacífico y que se mantuvo relativamente ajeno a las guerras centroamericanas de los años ochenta y noventa. Con nueve millones de habitantes, esa nación es también en estos días un país humillado desde que ocupa las portadas de la prensa mundial porque miles de personas se han unido para gritarle al mundo que vivir ahí es vivir en el infierno.

Vivir en el infierno
Honduras es el segundo país más pobre del continente después de Haití, donde seis de cada diez personas viven en pobreza y cuatro en pobreza extrema, quienes ni siquiera pueden comer una sola vez al día. La tasa de empleo informal alcanza un 70.7%, del cual 3.6 millones de personas conforma la población económicamente activa. Sufren la presión fiscal más alta de la región y las compañías de luz, agua y gas cobran como si el servicio que prestaran fuera de primer mundo. Eso en un lugar con más de cinco millones de pobres.
Hasta el 2016, tenía sólo dos ciudades, San Pedro Sula y Tegucigalpa, que están clasificadas entre los cinco lugares más peligrosos del mundo, con 112 y 85 asesinatos por cada 100 mil habitantes respectivamente. Un dato escalofriante es el que reporta la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados, que señala que en el último año las solicitudes de refugio de centroamericanos en México aumentaron en un mil por ciento, es decir, que la gente no emigra, huye.
La Mara Salvatrucha, la pandilla Barrio 18 y otras agrupaciones criminales convirtieron a Honduras en una importante base de operaciones de traslado de cocaína, marihuana, heroína, metanfetaminas e ingredientes químicos.
¿Se acuerda de aquel golpe de Estado de 2009 en Honduras que apartó de la presidencia a Manuel Zelaya, quien fue expulsado por la noche y en pijama a Costa Rica? Pues de ese clamor popular de justicia ya no queda nada, pues la derecha política ha logrado perpetuarse en el poder de la peor manera. En las últimas elecciones, el presidente Juan Orlando Hernández logró reelegirse en medio de denuncias de fraude y protestas en las calles que dejaron decenas de muertos y cientos de heridos.
No hay que olvidar que las diez familias más ricas de Honduras se han adueñado de la vida política del país durante los últimos treinta años.

En resumen, la crisis económica y política, la corrupción, la discriminación, la segregación, la pobreza, las pandillas, la criminalidad y la inseguridad pudieron ser motivos suficientes para crear las condiciones para la formación de la caravana migrante, pero esta formación difícilmente hubiera podido darse como resultado de una acción espontánea. Juntar 14 mil hombres, mujeres, niños y ancianos tuvo que requerir de un trabajo preliminar, un plan y mucho dinero.

¿Donald Trump?
Pongamos atención en lo siguiente: se estima que cada día unos 300 catrachos abandonan su país de manera irregular, pero nunca antes se había visto una caravana migrante tan bien organizada, disciplinada y sincronizada para que unos 14 mil migrantes (en su mayoría hondureños) se aproximaran a la frontera de Estados Unidos justamente el día de las elecciones intermedias de ese país, en las que se elegirán legisladores y gobernadores. Eso indica que en el fondo hay intereses políticos. ¿Pero quién está detrás?
Algo más, ¿cómo es que 14 mil personas caminando en terrenos montañosos, en condiciones climáticas desfavorables, se atrevan a resistir las inclemencias naturales cuando además tienen ancianos que cuidar y bebés en brazos? Sin duda todos necesitan comer, satisfacer sus necesidades básicas, bañarse, tener atención médica. Y, desde luego, debe haber una autoridad para imponer el orden, reagrupar a los miembros de la caravana, organizar los descansos, distribuir las obligaciones, etcétera. Obviamente quien se dedica a ese trabajo pide una recompensa. ¿Quién o quiénes les pagan a esos líderes?
Sumado a eso no hay que soslayar que cuando la primera caravana llegó a Huixtla, decenas de chiapanecos les regalaron comida, ropa, calzado y medicamentos, pero cuando los migrantes se fueron dejaron comida podrida, zapatos en buen estado y montones de ropa regada en las calles. Una persona en verdad necesitada no desperdicia nada. Eso indica que no necesitan ninguna ayuda, porque tienen recursos. ¿Quién los está financiando?
Muchos dicen que Donald Trump está detrás de esa masa de gente. No lo creo.
Es cierto que Trump le debe gran parte de su triunfo electoral al discurso racista y antimigrante, a exacerbar el coraje de los estadunidenses contra los latinos, y que esta caravana le da la mejor de las coartadas para enardecer los miedos y los prejuicios de los votantes, justo cuando hoy se celebra un plebiscito que renovará las legislaturas y las gubernaturas y, además, pone a prueba su presidencia. Pensar que todo es parte de una estrategia política desde la Casa Blanca no está descabellado, pero me parece ilógico.
La caravana migrante no está a favor, sino en contra de Donald Trump. ¿Por qué? Si el presidente cumple la amenaza de usar la fuerza para impedir que los centroamericanos crucen la frontera, los demócratas lo convertirán en un tirano, en un déspota represivo, cruel, y les facilitaría destituirlo del poder. En caso contrario, al decidir no usar la fuerza, sus partidarios y votantes blancos lo calificarán como un presidente débil e incapaz de cumplir su mandato constitucional de proteger la frontera norteamericana. Está contra la espada y la pared.

¿A quién le siguen el juego?
Por otro lado, el uso de los migrantes como una nueva forma de hacer revoluciones es una técnica diseñada por los globalizadores, como George Soros, el magnate que provocó la quiebra del Banco de Inglaterra el 16 de septiembre de 1992, episodio llamado miércoles negro.

Soros es un húngaro de origen judío. Una de las personas más ricas del mundo. Es partidario del neoliberalismo y, a su vez, del intervencionismo estatal, es decir, controlar el gobierno de los países a través de las crisis económicas. Siempre le han apetecido las revoluciones. Aboga por la desaparición de las fronteras, la eliminación de la soberanía nacional, la creación de un gobierno único en el mundo y la imposición de leyes universales.
Muchos medios de comunicación han tratado de esconder el nombre de este personaje, y presentan la caravana como una protesta de pobres, de desamparados hondureños, de jóvenes homosexuales que están escapando de la violencia de su país. Incluso hay quienes la han adornado con motivos católicos para compararla con el viacrucis de Jesús.
“Negar un hecho es lo más fácil del mundo. Mucha gente lo hace, pero el hecho sigue siendo un hecho”, escribió Isaac Asimov, y eso es lo que está pasando con la caravana migrante que según el diario La Tribuna está organizada por un grupo llamado Pueblo Sin Fronteras, cuyo uno de los líderes, Rodrigo Abeja, dirige la caravana.
Y resulta que Pueblo Sin Fronteras es una ONG que está financiada por la Fundación Sociedad Abierta (OSF), de George Soros, quien en septiembre de 2016 se comprometió a invertir hasta 500 millones de dólares en programas que “beneficien” a los migrantes. Y no es sólo él.
Así que no sea llamado a engaño. Los miles de migrantes no son personas humildes en busca de esperanza, sino carne de cañón, parte de un juego de intereses políticos que nos rebasan a todos. ¡Chao!

@_MarioCaballero

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