Mario Caballero / Columna

Letras Desnudas / Mario Caballero

*** El hijo de un presunto asesino

Hace pocos días en San Cristóbal de las Casas, una ciudad que en sus calles empedradas, templos y construcciones antiguas guarda los años de una época marcada por la muerte y la rapiña, un grupo de jóvenes con gorra y playera blanca, estampadas con la frase “Zoé Robledo, Senador”, fueron de puerta en puerta promoviendo la imagen de su benefactor a través de una encuesta simulada.

En un video que sigue circulando en internet, un muchacho entre veintitrés y veinticinco años de edad le pregunta a una señora de edad avanzada si sabe quién es el senador Zoé Robledo Aburto. Sentada en una silla tejida con lazo azul, responde con la sinceridad más diáfana: “No sé, hijito, quién es esa persona. La verdad no lo conozco”.
En otro segmento de la grabación una joven que aparenta no rebasar los veinte años de edad, encuesta a otra señora. “¿Qué opinión tiene sobre la política en Chiapas?”, pregunta. “No me interesa la política, señorita”, le contestan desde detrás de la ventana de la puerta. “¿Sabe quién es el senador Zoé Robledo Aburto?”, vuelve a preguntar.
No sé quién es –responde la encuestada-. Ya le dije que no me interesa saber nada de la política ni de los políticos. Porque cuando quieren el voto vienen hasta a tu casa y te prometen esto y aquello. Pero cuando ya están en el puesto se olvidan de uno y jamás vuelven a poner un pie aquí. “Bueno. Pero ¿le gustaría conocer el trabajo que…”, la muchacha es interrumpida. “Discúlpeme, tengo otras cosas que atender”, le dice la mujer y cierra la ventana.
En otro video grabado el mismo día, cuya duración es de cuatro minutos con dieciocho segundos, una dama con chamarra negra y mayones grises se acerca al grupo de jóvenes encuestadores que estaban reunidos ante un señor del que se presume era el que los coordinaba y el enlace directo con el senador Robledo.
La mujer comienza a hacerles preguntas y todos nada más se miran entre sí. Consternados, no saben qué hacer ni qué responder. ¿Usted es quien tiene más memoria? –la pregunta iba dirigida al hombre, de estatura promedio, cabello cortado a la moda y barba- Ok. Entonces ayúdeme a decirles a estos jóvenes qué pasó con el papá de Zoé Robledo. Los cinco muchachos, bajando la cabeza como avergonzados, caminaron hacia la acera de enfrente. Ella los sigue, pero sin acosarlos. Se notaba en sus gestos que lo único que quería era darles a conocer un poco de la historia de esa calle.
¿Ustedes –le pregunta a los chicos- tienen algún trato con gente de Zoé Robledo? “No”, le responden. ¡Qué tristeza! –dice la mujer. Si se ofrecen como voluntarios, ¿le ayudarían a un asesino? ¿Saben que ese apellido debe cuatro muertes y justo de los que vivieron en esta casa? –dice señalando una vivienda con el índice de su mano derecha.
¿No se los han dicho? Y ¿no les gustaría seguir ayudando a un asesino, engañando gente, seguir en verdad ayudando a un asesino? A ver ¿quién es el enlace? ¿Es el señor que… ¡Hey, usted! No se vaya. Qué no me iba ayudar a hacer un poco de memoria –le grita al señor de barbas que había huido del lugar como un bandido, dejando atrás a los muchachos.
Continúa: “Zoé Robledo es el hijo de Eduardo Robledo, asesino de Agustín Rubio Montoya, Rigoberto Mauricio Villafuerte, Ernesto Fonseca”. En ese momento los muchachos se retiran. Se van con las manos metidas en los bolsillos del pantalón. No corren, pero ganas no les falta. Ella va detrás, tranquila. “A ver, a ver, ¿no les gusta la historia? Díganle al hijo de ese asesino que esta calle se res-pe-ta. ¿Entendido? Se va a armar. Estará en las redes sociales (el video). Y repito: es el hijo de un asesino”. A partir de ese instante el que grabó los hechos se quedó rezagado y por lo mismo el audio se pierde.
Resulta ser que la valiente mujer es Concepción Avendaño, hija de don Amado Avendaño Figueroa, precursor en la defensa de los derechos humanos e indígenas en los Altos de Chiapas y decano del periodismo chiapaneco.

RAZÓN PARA ACUSAR
Hasta el día de su desaparición, el periódico Tiempo ejerció un periodismo abierto y crítico, se puede decir que fue el primer periódico de los pueblos indios de Chiapas. A través de sus bellas páginas el mundo conoció la noticia del levantamiento indígena que cambiaría la historia de México y muy especialmente la vida de Amado Avendaño, el primer reportero que entrevistó a los indígenas zapatistas en la plaza central de San Cristóbal de las Casas.
Las oficinas del periódico, que también era la casa de Avendaño y Concepción Villafuerte, su esposa, se convirtió en la sala de redacción y difusión para los principales medios de América y Europa. Dicho de otro modo, ahí fue el primer servicio de fax para la recién encendida mecha zapatista.
Pero Tiempo no sólo era un periódico, un lugar frío donde se tejían historias apunta de golpes en los teclados, sino un hogar. Guimar Rovira, autora de Las mujeres del maíz y una de los muchos hijos periodísticos que acogieron los Avendaño, dijo que Tiempo “ha sido una escuela de periodismo, de dignidad, de amor, de entrega. Allí he encontrado computadora, un plato en la mesa, un abrazo cuando lo necesitaba”. Amado Avendaño no sólo era respetado por su profesionalismo, también era blanco de demostraciones de cariño y buenos afectos.
El martes 11 de enero de 1994, Avendaño Figueroa recibió un comunicado del EZLN para su publicación. En él el subcomandante Marcos escribió: “Los compañeros me han encargado que vea la forma en que se puede hacer público, creo que su periódico podría ser un medio para que este pronunciamiento se distribuya en otros lados. No pedimos que se esté de acuerdo con nosotros o nuestro camino, sólo que nos den la oportunidad en la prensa de decir nuestra palabra. Esperamos que a través de ustedes, de lo poco de periodismo honesto e imparcial que queda en Chiapas, se puede cumplir la demanda de difusión que hacen los compañeros del CCRI”.
El activismo de Avendaño a favor de los pueblos indígenas y su capacidad periodística que hizo de Tiempo un medio que decía todo lo que los demás callaban, hicieron crecer su popularidad. Obviamente eso no le gustó al poder.
Con el paso de los meses, la Asamblea Estatal Democrática del Pueblo Chiapaneco, compuesta por organizaciones sociales y campesinas de todo el estado, impulsó la candidatura de Avendaño a la gubernatura de Chiapas en 1994. Su proyecto y propuesta fue bien recibida por la sociedad. Por eso, políticos chiapanecos y del centro del país formaron un complot para matarlo. Sin embargo, en la madrugada del 25 de julio, un tráiler conducido por Luciano Tress Virgen embistió la camioneta en que Avendaño y tres de sus colaboradores se dirigían a Tuxtla Gutiérrez para asistir a un desayuno con los demás candidatos a la gubernatura. En el “accidente” perdieron la vida Jorge Ernesto Fonseca García, Agustín Rubio Montoya y Rigoberto Mauricio Villafuerte. Amado sobrevivió, pero en muy malas condiciones de salud, situación por la cual no pudo continuar personalmente con su campaña. Por varios meses perdió el habla y quedó con daños visuales permanentes.

HIJO DE TIGRE…
Hijo de tigre pintito. Hoy, Zoé Robledo quiere seguir los pasos de su padre y convertirse en gobernador del estado en 2018. ¿Lo apoyará MORENA? ¿Dejarán los chiapanecos que el hijo de un presunto asesino gobierne a Chiapas? ¡Chao!

@_MarioCaballero

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