Mario Caballero / Columna

Letras Desnudas / Mario Caballero 

*** El debate donde perdió Chiapas 

El domingo se llevó a cabo el primer debate entre los candidatos al Gobierno del Estado de Chiapas. Y ante la gran expectativa, el fracaso fue descomunal. Entre tanta demagogia y frivolidad se escapó la oportunidad para que los chiapanecos conocieran las propuestas de quienes pretenden gobernarlos. Si realmente hubo un ganador esa noche fue la fantasía.
El formato fue novedoso, a ratos fluido y permitió ver la personalidad de cada uno de los cuatro aspirantes. Pero no puede decirse lo mismo de los moderadores. No fueron los idóneos para tan importante tarea. Tartamudeaban, se tropezaban con sus palabras al pronunciar los nombres de los candidatos y fue notabilísimo el desconocimiento que tienen de la problemática del estado. Su función principal era representar a los ciudadanos y ni siquiera pudieron cuestionar a los contendientes acerca de los temas que más preocupa a los chiapanecos: la corrupción y la impunidad.
El primer debate en la historia de México fue entre candidatos presidenciales. Y, en realidad, sólo ese ha tenido un impacto significativo en las encuestas. Obviamente, las circunstancias eran excepcionales: era el año 1994, el país estaba al borde de una gran crisis económica, había surgido un levantamiento armado en Chiapas y el candidato del PRI, Luis Donaldo Colosio, acababa de ser asesinado en un acto público.
Claro, las circunstancias no son las mismas. Hoy hablamos sólo de un estado, no de toda la nación y afortunadamente ningún candidato ha sido ejecutado. A pesar de ello, no podemos ignorar que Chiapas está atravesando una de las peores crisis económicas del momento, que está convulsionado, con brotes de violencia en varias regiones, con cientos de familias desplazadas, con miles de jóvenes desempleados, con fuga de inversiones, con organismos violando el Estado de Derecho y con homicidios inexplicables, como el de los dos ciclistas que según el fiscal de Distrito Selva de la Fiscalía de Justicia de Chiapas, Arturo Pablo Liévano, murieron en un accidente cuando las evidencias indican que fueron salvajemente asesinados.
Por todo este amasijo de dolencias se esperaba un debate más polémico, donde las ideas de los candidatos fueran expuestas con claridad y ellos mismos fueran confrontados hasta con sus propias propuestas. Porque ¿cómo alguien que está embarrado en actos de corrupción promete transparencia en el manejo de los recursos, o cómo aquel que nunca ha pisado un campo de cultivo dice que reactivará la producción del maíz? Imposible creerles.
La gente anhelaba respuestas contundentes, eficaces, que brindaran aunque sea el más tenue rayito de luz, y no lo hubo. Y los tres periodistas que sirvieron de moderadores no ayudaron en nada.

ASÍ SE VIERON LOS CANDIDATOS
“Empezaría porque cada uno de nosotros nos preguntáramos qué nos afecta en nuestra vida diaria en materia de seguridad para saber si los candidatos están respondiendo a nuestra preocupación o están respondiendo a una ocurrencia. Yo pondría sobre la mesa mi preocupación o la preocupación de mi familia y ver si están dando respuesta a eso”, dijo la experta en tema de seguridad y violencia María Elena Morera, directora de Causa en Común, respecto al debate de los candidatos presidenciales.
Lo que propone la experta es muy útil. Qué queremos y qué nos ofrecen los candidatos. En términos mercantiles eso se llama “oferta y demanda”. Sin embargo, los ciudadanos pocas veces nos detenemos a pensar en los temas desde antes de abordarlos, mucho menos nos preparamos antes de ver lo que hemos adoptado más como un show televisivo que como una plataforma para exigir respuestas y evaluar las reacciones y propuestas de los candidatos. Y, ¿los candidatos del domingo realmente se prepararon?
Los que pudimos ver el debate vimos que el candidato de Morena fue el mismo pedazo de cartón que ya todos conocemos. Estuvo nervioso y fue evidente su falta de preparación. Rutilio Escandón Cadenas será recordado por ser un candidato desbordante en la falta de ideas. Fue el cliché malogrado de Andrés Manuel López Obrador. Copió las poses, la lentitud al hablar y hasta el discurso populista esperando tener la misma eficacia que el aspirante presidencial.
Cuando lo confrontaron prefirió callar. En dos ocasiones rechazó su derecho de réplica. Al ser cuestionado sobre su desempeño como presidente del Poder Judicial del Estado, su respuesta dio a entender que se dedicó a hacer labores administrativas y desentenderse de lo que hicieran los jueces, ministerios públicos, peritos y magistrados. Además desaprovechó su tiempo (y el nuestro) en repetir lo que tantas veces hemos escuchado de AMLO, que acabará con la corrupción, la pobreza, impunidad, nepotismo, tráfico de influencias y que trabajará por recuperar los valores. Aunque de algo sí podemos estar confiados, de que venderá toda la chatarra que hay en el Gobierno, especialmente los helicópteros.
El eterno líder cañero, Jesús Orantes, por su comportamiento soez, inexistente discurso político y desconocimiento del estado, desgastó ante la opinión pública el concepto de las candidaturas independientes. Fue la versión chiapaneca de “El bronco”, Jaime Rodríguez Calderón, con sombrero de palma y paliacate en cuello. Sin duda, el autonombrado ‘La luz de los pobres’ sirvió para darle folclor al debate. Nada más. Dio pena ajena. O como él mismo dice: “Yo me da vergüenza”.
José Antonio Aguilar Bodegas fue en mi opinión el más polemista de la noche. Habló de forma clara y precisa. Aprovechó bien el tiempo para exponer sus propuestas y emitir un juicio sobre la realidad de Chiapas. Supo combinar con buenos resultados planteamiento y ataque. Demostró con datos y estadísticas que conoce el estado y explicó que analizó el Proyecto Alternativo de Nación de AMLO y dijo que éste nos llevaría a la ruina. Cuestionó a sus adversarios aunque éstos no le respondieron. A Chus Orantes, quien lo acusó de corrupto, lo invitó a interponer una denuncia en su contra si tiene pruebas de alguna infracción que él haya cometido.
Con el desempeño del domingo, Jósean se presentó como un candidato preparado y con un proyecto de gobierno real. Logró posicionarse como uno de los competidores más fuertes hacia la gubernatura.
Roberto Albores Gleason, del PRI, llegó preparado para el debate. Decidido. Pudo verse como un hombre que piensa, que sabe ligar sus ideas con lo que habla. Sin titubeos, contestó las preguntas de los moderadores. Expuso su proyecto de gobierno y los logros que obtuvo como diputado federal y senador de la República. Fue ordenado y certero.
Aseguró que será el gobernador del empleo y de la transformación económica. Habló de la nueva Contraloría Social, de establecer prioridades, de la fundamental rendición de cuentas, del impulsó a las ZEE y que apoyará a los emprendedores, a los maestros y que los jóvenes tendrán una participación importante en su gobierno. Puso interés en la intervención de los otros, pero sin confrontarlos. Administró su ventaja, y al ser el candidato más atacado de la noche demostró ser el rival a vencer.

CONCLUSIONES
Si algo quedó claro del domingo es que la contienda por la gubernatura se reduce a sólo dos aspirantes. La madre de todas las batallas será entre la juventud y la experiencia. Entre el favorito Roberto Albores Gleason y José Antonio Aguilar Bodegas, quien después de ser perseguido políticamente y exiliado, hoy está de nueva cuenta en la lucha por el poder.
Por supuesto, hay que aclarar que después del debate quedaron muchos espacios vacíos, decenas de preguntas sin responder y muchas dudas en los chiapanecos que no todavía no saben por quién votar. Pero que a pesar de ello el debate sirvió para cambiar la narrativa en los medios de comunicación.
Antes del domingo, la idea dominante era que Rutilio Escandón sería el ganador, que su triunfo era inevitable. Después del domingo, la percepción es que tendrá que hacer mucho si quiere volverse a meter a la batalla, y que puede perder la elección aun contando con la fuerza de López Obrador. Porque si esta fuera una carrera de autos, Rutilio estaría anclado en la línea de salida, frente al volante de un poderoso Ferrari, pero sin saber meter primera.
Habrá que esperar, desde luego, a ver las encuestas para corroborar si estas percepciones se reflejan en las preferencias del electorado. Y esperar que el próximo 1 de julio, gane Chiapas. ¡Chao!

@_MarioCaballero

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