Nuevo estudio sugiere que el ser humano habría provocado la sequía del Sahara

Actividad destructora

A menudo pensamos que el cambio climático y los destrozos en el medio ambiente son cosa de la época industrial, pero no es así. Un nuevo estudio apunta a que la actividad humana está detrás de la creación del mayor desierto del planeta: el Sahara.

Hace 11.000 años, el Sahara ofrecía un paisaje muy diferente al árido desierto que es hoy. La paleoclimatóloga de la Universidad de Arizona, Jessica Tierney, explica que en aquel entonces la región era diez veces más húmeda, con verdes praderas salpicadas de lagos. Sabemos que era así por los registros fósiles de esa época.

Las lluvias que alimentaban este vergel procedían de los vientos monzones que bañaban periódicamente buena parte de África durante el periodo conocido como Óptimo Climático del Holoceno.

Hace alrededor de 8.000 años, sin embargo, las lluvias dejaron de visitar el Sahara.

El Sahara es el desierto más grande del planeta. Abarca más de 10 países africanos y cubre una región de nueve millones de kilómetros cuadrados.

Hasta ahora se pensaba que la causa de este cambio climático que se prolongó a lo largo de casi mil años era una alteración en la inclinación del eje de rotación de la Tierra, pero esta teoría no convence a todos. La fecha de inicio del cambio que secó el Sahara coincide sospechosamente con la primera llegada masiva de seres humanos a la región, seres humanos que trajeron consigo la agricultura.

La idea de que la actividad agrícola extensa pueda cambiar el clima a nivel local no es nueva. Hay hipótesis muy asentadas que apuntan a que las poblaciones humanas del neolítico lograron frenar la penetración de los monzones en el sudeste asiático. En el Sahara podría haber ocurrido algo similar, explica David Wright, de la Universidad Nacional de Seúl.

A medida que la agricultura secó la zona, los habitantes se fueron o adoptaron la ganadería como método de subsistencia. La autora del estudio se propone profundizar en esta hipótesis y buscar nuevas evidencias paleontológicas que sustenten la teoría de la desertización por causas humanas.