Mario Caballero / Columna

Letras Desnudas / Mario Caballero

*** ¿Por qué protegen al pervertido?

El terrible escándalo de acoso sexual que ensombrece al Colegio de Bachilleres de Chiapas se resume en una sola pregunta: ¿Qué le debe la directora general, Nancy Hernández Reyes, que está arriesgándolo todo con tal de proteger a su empleado recientemente evidenciado como un pervertido?
El empleado al me refiero es Jaime Antonio Guillén Albores, director de Vinculación del Cobach, quien no es conocido precisamente por ser un funcionario íntegro y de intachable moral. Y no es la primera ocasión que recibe acusaciones así. Pero empecemos este diálogo hablando del suceso actual.
Con fecha 7 de mayo de 2019, la agraviada Jazmín Leyva Alemán, empleada de dicho instituto educativo, entregó un oficio dirigido al presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos en el que expone de manera puntual el acoso sexual al que ha sido sometida por Guillén Albores y el encubrimiento de la directora general del Cobach. Como respuesta, la Dirección de Quejas de la CEDH le asignó el número de expediente CEDH/0490/2019.
Jaime Antonio Guillén es su jefe inmediato en la Dirección de Vinculación. Y la mandó a llamar alrededor de las 9 de la mañana del jueves 2 de mayo del presente para notificarle que a partir de esa fecha sería cambiada de adscripción al Archivo Institucional del Colegio de Bachilleres, pero no le entregó ningún documento y mucho menos una justificación. Nada más le dijo: “así te conviene, para protegerte. Se van dos compañeras tuyas también. No tengo nada qué decir de tu trabajo, lo haces muy bien, es intachable”.
Y Jazmín Leyva lo refutó: “¿O es porque no he accedido a caer a sus instintos bajos?”.
Leyva Alemán es madre soltera, y Guillén Albores se aprovechó de su condición. La afectada narra en el documento que este sujeto le enviaba mensajes vía WhatsApp, fotos y vídeos. Incluso se atrevió a mandarle grabaciones de cuando él se estaba bañando.
La psicología enseña que ese tipo de acciones son propias de los enfermos sexuales y las clasifica como parafilias. El exhibicionismo (trastorno ligado a la exposición de los genitales a una persona extraña) y el froteurismo (implica el contacto y el roce con una persona que no consiente) son dos de ellas que aplican al funcionario en cuestión.
El viernes 3 de mayo, Jazmín Leyva fue requerida al área de Recursos Humanos, donde la contadora Janneth Cabrera Díaz, encargada del departamento, le hizo entrega de su cambio de adscripción, pero no lo recibió ni lo firmó, primero quiso saber el motivo. Y Cabrera le dijo: “porque la directora (Nancy Hernández) tiene la facultad de hacerlo”.
Una cosa es que la directora, como cualquier otro funcionario en cualquier institución pública, tenga la facultad legal de administrar y decidir sobre los recursos humanos, materiales y financieros de la dependencia a su cargo, y otra muy diferente sentirse con el derecho de someter esos recursos a su complacencia. Eso, señores, se llama abuso de poder. Y la contadora Janneth lo confirma al responderle a Jazmín lo siguiente: “aunque no lo firmes ni lo recibas, te tienes que presentar el día lunes 6 de mayo de 2019 al área de Archivo Institucional como lo indica el oficio”.
De acuerdo con lo relatado por la víctima, tuvo dos encuentros nada buenos con la directora Nancy Leticia Hernández Reyes, en los que hasta le impidió entrar a la oficina con su celular.
En el primero, que sucedió más o menos a las cuatro de la tarde del mismo viernes, Jazmín Leyva le contó a la directora todo lo sucedido con Guillén. Le contó que éste la había notificado de su cambio de adscripción de forma verbal y que no pudo darle el motivo de dichoso cambio. También le dijo que la única razón que ella encontraba para eso es que no había accedido a las insinuaciones sexuales y que tenía pruebas de que desde hace algún tiempo venía siendo acosada sexualmente por su jefe, que en su teléfono celular tenía conversaciones, fotos y vídeos pornográficos que “Tony” Guillén le había estado enviando.
A todo eso la directora Hernández Reyes casi la tachó de mentirosa. Le dijo que tal vez un suceso que vivió en la niñez la había traumado y que por eso buscaba culpar a todos los hombres que se le acercan. También la culpó por ser bella. Y le hizo mención de comentarios difundidos en redes sociales que carecen de fundamentos en los que calumnian a Jazmín relacionándola con otros ex directores generales del Cobach.
Ese encuentro terminó con el ofrecimiento de la directora de cambiar a Jazmín a dónde ella quisiera a cambio de borrar todas las evidencias del acoso sexual del director de Vinculación. Jazmín se limitó a decir que la cambiara a la Coordinación Centro Frailesca y se retiró a su casa.
El lunes 6 de mayo, a la diez de la mañana, la directora la mandó llamar para decirle que ya tenía listo su cambio y un documento aparte en el que supuestamente Jazmín Leyva solicitaba su cambio. Ese no era el compromiso. Ante la negativa, Nancy Hernández rompió los documentos en el acto y le dijo que qué quería. Jazmín pidió permanecer en su lugar de trabajo y dejar de ser acosada. Su petición fue aceptada, pero con la condición de firmar un papel en el que se comprometía a no mostrar las pruebas contra Guillén Albores. No aceptó.
Jazmín, al decir que interpondría una denuncia por los hechos ocurridos en su contra, la directora del Cobach le respondió que sería su palabra contra la de ella. Y para finalizar esa desafortunada reunión, Nancy Hernández la despidió de su oficina con la sentencia de que ya no habría ningún acuerdo y que luego la volvería a llamar para decirle qué haría con ella. La amenazó.

MÁS SOBRE TONY GUILLÉN
Jaime Antonio Guillén Albores tiene una pequeña y opaca trayectoria en el servicio público, del que nada bueno se cuenta.
Es un oportunista que ha saltado de cargo en cargo y no le ha importado pasar incluso por encima de sus benefactores. Para muestra un botón. Traicionó a quien es considerado su padrino político, Roberto Domínguez Castellanos, quien cuando fue rector de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas le dio un empleo de funcionario en ese instituto educativo y Guillén le pagó apuñalándolo por la espalda.
En los últimos años de Juan Sabines Guerrero y a principios de Manuel Velasco, ocupó un puesto importante en la Secretaría de Educación estatal, y estuvo presuntamente implicado en la venta de plazas y en la adjudicación de las mismas a parientes, amigos e integrantes de la mafia que defraudó ese organismo. Al hacer una revisión, se descubrió un desvió presupuestal por más de 300 millones de pesos a esa Secretaría, del cual fue cómplice.
Antes de ser funcionario, Tony Guillén no poseía las propiedades y fortuna actuales. Tampoco sus estudios de posgrado los pagó con su propio dinero. La UNACH lo becó. Y desempeñando esos puestos, corrieron rumores de que acosaba sexualmente a las secretarias. Pero esos bisbiseos de degenerado no se comparan al bochornoso escándalo que sucedió hace poco más de dos años.
Cuando Oswaldo Chacón Rojas tomó posesión del Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana, en junio de 2016, lo nombró director de Comunicación Social. Y ningún empleado a su cargo lo soportaba. No lo bajaban de prepotente, corrupto y abusivo.
El lunes 8 de mayo de 2017, por la tarde, la cuenta de Twitter del IEPC apareció con retuits de páginas de pornografía gay. Había marcado como favoritas publicaciones con imágenes explícitas de cuentas @queerkingxxx, @soyelseductor y @heteros, vinculadas con páginas tres X. Tony Guillén no sólo fue despedido por ser el responsable del departamento encargado del manejo de esa cuenta, sino porque se dijo que él estaba operando la cuenta oficial del instituto mientras miraba esas páginas de internet.

VOLVIENDO A LA PREGUNTA
¿Qué hace alguien como Guillén Albores, que tiene antecedentes de acoso sexual, trabajando en una institución educativa?
Principalmente, ¿qué le debe la directora Nancy Hernández Reyes a Jaime Antonio Guillén para despreciar y denigrar a Jazmín Leyva que tiene pruebas del delito? Sea lo que sea, esa deuda ha de ser muy grande como para arriesgar su prestigio, su puesto, su dignidad y hasta su sentir como mujer.
Pero de algo debe estar consciente Nancy Hernández, que de pasarle algo a Jazmín, a una alumna o a cualquier otra empleada del Cobach, será su entera responsabilidad por omisión, por preferir defender al victimario y no a la víctima. ¡Chao!

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