Mario Caballero / Columna

Letras Desnudas / Mario Caballero

*** Tantita… Abuela, ¡Por Favor!

Dicen por ahí que los avestruces entierran la cabeza cuando no quieren ver algo que les da miedo. Y que cuando todos lo hacen, el que llega al último, pregunta: “¿A dónde se fueron todos?”. Pero lo que pasó el jueves en Culiacán no es una fábula, sino una guerra que hay que enfrentar con estrategia, inteligencia y no con absurdas ocurrencias. Porque, ¡hombre!, están asesinando gente.
Tiene tiempo que Andrés Manuel López Obrador viene proponiendo una estrategia de pacificación nacional sin el uso legítimo de la fuerza. Con cariñitos. Con guiños y pellizcos de pompis. En vez de táctica, suena más bien a un romance con los capos y traficantes.
Luego subió un poco el tono y ofreció amnistía para asesinos y criminales, situación que tuvo que replantear dada la dura crítica. Pues miles de víctimas de la delincuencia pusieron el grito en el cielo. ¿Qué era eso de dejar libres a los que violaron, mataron, robaron y extorsionaron? Está bien, joven, no se preocupe. Sé que violó, torturó y asesinó a mi hija. Exacto, la misma que yo encontré descuartizada en el fondo de un pozo. Pero no tenga pena por ello, lo perdono. Nada más no lo vuelva a hacer.
Sí, eso era que lo que ofrecía el presidente, un perdón y olvido patrocinado y pagado por el Estado mexicano.
Y en uno de los debates presidenciales se sacó de la manga el famoso “abrazos, no balazos”, que terminó siendo ineficiente como maniobra contra la delincuencia organizada. Lo digo porque de enero a agosto de 2019 los delitos registrados alcanzaron la cifra de un millón 353 mil 990, según reporte del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.
La más reciente ocurrencia –¿o sandez? – es apelar a las mamás de los criminales para que se porten bien. El resultado: el primer semestre de 2019 se convirtió en el más violento en la historia de México, con más de 17 mil 600 homicidios y feminicidios. Es decir, cerca de 100 asesinatos por día.
Esto nos indica que el gobierno federal ha sido incapaz de diseñar una estrategia real y acorde al nivel de violencia. Con honestidad no se frenará el narcotráfico. Porque el narcotráfico vive porque hay consumidores, y muchos de éstos son personas honestas. De tal manera, podemos pensar que el fracaso –porque lo es, es obvio- proviene de la falta de entendimiento del fenómeno delincuencial. En otras palabras, AMLO y su camarilla no saben qué país están gobernando.
Y más allá de los terribles resultados de la “estrategia”, está la burla. No hay forma de creer que estamos requetebién cuando en realidad estamos requetemal. Todas las mañanas el presidente de la república nos narra un México en vías del progreso, del bienestar nacional y es reiterativo en la merma de la violencia, que sustenta con los “otros datos”.
Empero, el día a día nos golpea a la cara con el desempleo, con el crecimiento económico que bajó a 0.2% y con hechos como el de Culiacán en el que el gobierno federal liberó en un operativo al hijo de El Chapo Guzmán para, supuestamente, “proteger vidas” de los culiacanenses.
El presidente y su gabinete de seguridad nos quieren dar atol con el dedo. Tratan de disfrazar su incompetencia con excusas de buen corazón. Por ejemplo, en la mañanera de ayer el mandatario dijo una frase que ya la hubiera querido el Papa para uno de sus sermones: “No puede valer más la captura de un delincuente que la vida de las personas”.

NI LA BURLA PERDONA
En su columna de ayer en el Universal, Carlos Loret de Mola, escribió al respecto: “Es una derrota del país. Es una derrota de la administración de Andrés Manuel López Obrador. Es una derrota de la muy dudosa estrategia de pacificación que defiende en el discurso. Más aún, la figura presidencial es sometida, por la inconsistencia de la estrategia oficial, al ridículo”.
Y Salvador García Soto apuntó lo siguiente: “Un gobierno que decide negociar la paz ante la fuerza de las armas del crimen organizado, es un gobierno que se rinde y capitula al sentirse rebasado y derrotado por la capacidad de violencia de los delincuentes. Pasamos así, con la inédita entrega de un presunto criminal que es devuelto a los grupos armados que exigieron su liberación a balazos y tomando y sitiando la capital de una entidad federativa, de un Estado que parecía fallido, a un Estado rendido y sometido por la capacidad de fuego y desestabilización del narcotráfico”.
Triste, pero cierto. Tienen razón al argumentar que falló el gobierno de López Obrador a la encomienda de brindar paz y seguridad al pueblo mexicano. Lo peor es que al parecer también la tienen al alegar que pasamos de un Estado fallido a uno ridiculizado y humillado por el narco.
Pero, ¿para qué tratar de engañarnos? ¿Por qué la insistencia del Primer Ejecutivo en vernos la cara de tontos?
Según ellos (las autoridades) se trató de un patrullaje de rutina en el que por pura casualidad se toparon con el hijo de El Chapo Guzmán. Fueron agredidos por gente del capo y los elementos de las Fuerzas Armadas repelieron el ataque, logrando adueñarse de la situación y capturando al vástago de Guzmán Loera. Alrededor de las siete de la noche, en redes sociales comenzaron a circular fotos del supuesto detenido.
Sin embargo, hay vídeos que desmienten lo afirmado por las autoridades federales. Como el de María Elena Morera, presidenta de Causa Común, que da cuenta no de un patrullaje de rutina, sino de un operativo coordinado para ingresar a la casa donde estaba Ovidio Guzmán López. Incluso, a las seis treinta de la tarde, la periodista Denise Maerker confirmó la detención a través de su cuenta de Twitter, abundando que se había llevado a cabo en una operación conjunta entre elementos de la Guardia Nacional y de la SEDENA.
Pero lo más importante en todo esto fue el sorprendente despliegue de los miembros del Cártel de Sinaloa, quienes convirtieron a Culiacán en su campo de batalla buscando liberar a su líder. Bloquearon calles y avenidas, quemaron vehículos y una veintena de presidiarios se fugaron. Contra esa ola de terror el gobierno de AMLO no pudo y terminó por rendirse ante el poder de una banda del narcotráfico.
A las 8:30 de la noche, en un mensaje conjunto, el gabinete de seguridad anunció que dadas las “acciones violentas” de “diversos grupos”, y “para salvaguardar la tranquilidad” de Culiacán, “suspendieron dichas acciones”.
A las 10:15 de la noche, José Luis González, supuesto abogado de la familia Guzmán, confirmó por medio del noticiario de Azucena Uresti, de Milenio, que Ovidio Guzmán ya estaba libre.
Falló. Sí. El Estado falló y se rindió.

RECTIFICAR
En la mañanera de ayer, López Obrador volvió a repetir la frase de “no vamos a apagar el fuego con fuego”, con la cual respaldó y avaló la liberación del hijo de El Chapo.
El presidente debería rectificar la estrategia, sobre todo cuando esta misma semana su política de seguridad fue burlada por enfrentamientos en Aguililla, Iguala, Acámbaro y Nuevo Laredo, de los cuales resultaron muchos soldados muertos.
Y si algo debería hacer es predicar con el ejemplo y ser honesto consigo mismo para reconocer que falló. Porque después de un año de tener el poder no puede seguir culpando al pasado de los fracasos de su administración. La responsabilidad es ahora suya.
Y en todo este asunto hubiera sido mejor para él y su gobierno reconocer que no pudieron con el Cártel, que perdieron el control de la situación. Hasta se le hubiera perdonado que se le haya escapado, aun siendo mentira. Pero no puede seguir engañando a la gente.
Decir que dejaron ir al presunto delincuente para “salvar vidas”, cuando el motivo era otro, es un insulto a nuestra inteligencia. Tantita madre, ¡por favor! Porque ante tanta torpeza y burla, ante un Estado rendido, sólo podemos pensar que todos estamos indefensos y por nuestra propia cuenta. ¡Chao!

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