Mario Caballero / Columna

Letras Desnudas / Mario Caballero

*** Escoria

Quien ha experimentado la muerte de un ser querido sabrá que no existen palabras para consolar un dolor tan profundo. Se agradecen, por supuesto, las demostraciones de apoyo y afecto de los familiares y amigos. Pero el único alivio, quizá, es llorar y reflexionar la pérdida. De ahí que el duelo sea un momento íntimo y muy personal. Nadie puede saber de qué tamaño es el dolor, sino sólo el que lo sufre.

Por eso, la carta que Juan Sabines Guerrero publicó en redes sociales tras el fallecimiento de su señora madre es un acto despreciable. Hizo de la muerte de doña María de los Ángeles Guerrero un circo infame. No tuvo respeto por quien le dio la vida. Vio en la tragedia una oportunidad para politizar. Incluso, días antes subió una foto donde está con ella en su lecho de muerte. La exhibió con el rostro duramente desmejorado por la enfermedad. ¿Para qué? Nadie merece ser humillado en su convalecencia. Pero a ese grado llegó su mezquindad.

Si en la carta sólo hubiera expresado la tristeza obvia y su agradecimiento por los apoyos recibidos, la cosa no hubiera pasado a más. Pero quiso sacar ganancias políticas.

Se mostró como el protagonista de la desgracia. Siempre se puso en primer lugar. Primero como el que más sintió la partida, como el más agradecido, como el que más amor dio a la difunta. Pero también como una víctima. Intentó conmovernos al decir que en un acto inhumano lo separaron de su madre al dar positivo para coronavirus. “Después yo salí positivo, contagiado y me hospitalizaron en el piso Covid. Fue la última vez que la vi”, escribió.

Entre las contradicciones de su carta se encuentra el extraño agradecimiento a Nemesio Ponce Sánchez, de quien dice siempre estuvo a su lado y atento a la salud de su madre (¿qué no dijo Nemesio hace pocos días que no había ninguna relación entre ellos desde hace mucho tiempo?). Y su mayor gratitud la expresa hacia su esposa, Isabel Aguilera, a la que describe como el ángel de la guarda de su mamá, pero que ha maltratado de diversas formas, como en infidelidades.

Asimismo, critica al gobierno de Andrés Manuel López Obrador por su indolencia e ineficiencia en el manejo de la emergencia de salud actual: “Duele que una enfermedad así, evitable, termine con una vida llena de amor de 94 años por descuidos y por no tomar con toda la seriedad a la Pandemia… Me aflige escuchar que ya se hable del tiempo post-covid y del regreso a la normalidad, ¿a cuál normalidad se refieren? Parece que ya estuviera todo bajo control, en realidad dista mucho que sea así” (sic).

Pero lo que motivó esta columna no es eso, que al final de cuentas no es más que frivolidad. El motivo es demostrarle a este charlatán que los chiapanecos no somos tontos, ni ciegos y mucho menos desmemoriados. Él dice que cuando estuvo al frente de la pandemia de 2009 (AH1N1) su gobierno hizo un trabajo ejemplar en el cuidado de los chiapanecos, y que por eso mismo compartirá su experiencia en materia de salud. ¡Ja, ja, ja!

CORRUPCIÓN DEL SECTOR SALUD

El gobierno de Juan Sabines Guerrero (2006-2012) fue lo peor que pudo pasarle a Chiapas. Invadió la autonomía de los poderes del Estado, censuró la libertad de expresión, manipuló las leyes a su conveniencia, persiguió a sus opositores, boicoteó la democracia y provocó daños irreparables en el sector salud y educativo, terminando su mandato con una deuda que sobrepasa los 40 mil millones de pesos y de la cual se pagan más de 2 mil millones de pesos de intereses cada año.

Cuando la pandemia de la influenza AH1N1 golpeó a México hace once años, el gobierno de Sabines Guerrero minimizó la gravedad del brote. No hizo caso a las recomendaciones emitidas por las autoridades sanitarias de ese entonces. Dijo que como Chiapas vivía del turismo, se negó a suspender actos masivos y al cierre de los espacios públicos. De esa irresponsabilidad es que el estado se convirtió en el epicentro de la enfermedad a nivel nacional, superando en número de contagios a la Ciudad de México, con casi 4 mil casos. Incluso, estuvo enfrentado con José Ángel Córdova Villalobos, ex secretario de Salud, al que acusó de cometer actos de discriminación contra la entidad: “al señalar que Chiapas tiene el mayor número de enfermos ahora se le conoce como la influenza chiapaneca”, dijo.

El colapso del sistema de salud pública en el estado comenzó con la administración de Juan Sabines. Por corrupción, nepotismo y el enriquecimiento ilícito de los funcionarios, fue responsable de las primeras crisis de abasto de insumos y medicamentos en las clínicas y hospitales públicos.

Una investigación de la consultora PriceWaterHouseCoopers, descubrió que la secretaría de Salud en el gobierno de Juan Sabines favoreció durante los años 2011 y 2012 a trece empresas con 99 contratos que, en conjunto, alcanzaron los dos mil 401 millones 998 mil 689 pesos, todos por adjudicación directa.

No es todo. Pues hay cotizaciones de diferentes consorcios con el mismo domicilio o cotizaciones con el membrete de las empresas competidoras. Es decir, empresas fantasma. En esta irregularidad está involucrado un recurso de más de 100 millones de pesos, repartido entre las sociedades Furniture and General Service Chiapas, S.A. de C.V. y Coordinación y Servicios Mayab, S.A. de C.V.

Quien estuvo a cargo de la estrategia contra la pandemia fue James Gómez Montes, quien en abril de 2013 fue denunciado ante la extinta PGR por fraude, enriquecimiento ilícito, abuso de funciones y abuso de autoridad. La Auditoría Superior de la Federación, en la auditoría 961, señala que James no cumplió con las diligencias del servicio encomendado, no formuló y ejecutó los planes, programas y presupuestos de su competencia, en la aplicación de recursos federales por un monto de 117 millones 930 mil 443 pesos con 27 centavos. De ese monto, hay un faltante por casi dos millones 700 mil pesos y alrededor de 45 millones nunca fueron comprobados.

En fin, un festín de rapiña. La pandemia anterior sirvió sólo para que los funcionarios públicos se volvieran millonarios. No hubo control de la enfermedad como lo asegura Sabines. Todo lo contrario, murieron cientos de personas por negligencia gubernamental. Y su sexenio terminó con una deuda en el sector salud que ronda los 10 mil millones de pesos.

RUINDAD IMPERDONABLE

La carta de Juan Sabines nada tiene que ver con la pena de haber perdido a su madre, sino con su ambición de poder. Porque, ¿qué relación tiene la muerte de la señora con sus propósitos de “ayudar” en el combate a la pandemia y la reactivación económica? Nada.

A todo esto, si dice tener congruencia, ¿por qué no renuncia al consulado en Orlando si no comparte las ideas y la visión del gobierno de López Obrador?

Un hijo verdaderamente amoroso dejaría a su madre descansar en paz. No la estaría utilizando para mostrarse públicamente como un político responsable y connotado. No. Sin duda, cínico y oportunista son calificativos que le han quedado demasiado pequeños. Juan Sabines es una escoria que se ha aprovechado de la tragedia de su propia madre para sacar ganancias políticas. Una ruindad imperdonable. ¡Chao!

[email protected]