Francisco Gurguha / Columna

Por Francisco Gurguha

Las cosas como son. El Secretario de Salud en el Estado, José Manuel Cruz Castellanos, un tabasqueño con antecedentes de investigación criminal en su tierra, es el flamante encargado de hablar todos los días en la entidad sobre el tema del Coronavirus, versus López-Gatell, pero en proletariado.

Este señor, salido quizá de algún hospital siquiátrico, es la peor adquisición de Rutilio Escandón Cadenas. Es la mancha más visible de su gabinete, pues, desde su arribo, no ha parado de burlarse de los chiapanecos, ni de los médicos y, mucho menos de los enfermos.

Me dio vergüenza cómo trató  a una reportera local, pero me indignó más cuando mandó a los médicos a trabajar de taqueros; peor aún, me paró de puntitas cuando dijo que los sobrevivientes del Covid no quedan bien, “quedan chafiretes”.

Hasta ahora, ningún diputado local con la autoridad que le confiere el Poder a Legislativo, ni ningún Senador de los que dicen ser nuestros representantes, ni el Secretario de Gobierno, Ismael Brito Mazariegos, ni nadie de esta administración, ha llamado a este señor a cuentas para que explique por qué actúa de esa forma tan grosera, sin ética, sin moral, sin respeto a nada ni a nadie y goza de total impunidad para mofarse -incluso- de su propio gobernador.

No es posible que un ex gobernador, como Pablo Salazar Mendiguchía, haya sido el único en protestar ante los desvaríos de este sujeto, aprendiz de carnicero, frente a tanta calamidad, frente a tanta estupidez junta y cotidiana.

El tabasqueño no representa a nadie en Chiapas, sólo a los intereses económicos de su patrón; no es digno representante del Sector Salud; no es el mejor médico de Chiapas, al contrario, es la burla de infinidad de distinguidos galenos que deberían estar en ese lugar por su capacidad, por su talento, por su sensibilidad, por su experiencia.

Este señor, de voz femenina, está allí porque la corrupción sigue dándose como en los tiempos de Manuel Velasco Coello, a quien le deben este gobierno, por eso no actúa como un servidor público sino como un lacayo burlón y perezoso. De allí su papel histriónico cada vez que aparece para proferir absurdos.