Mario Caballero / Columna

Letras Desnudas / Mario Caballero

* La esposa del cacique

La diputada Luz María Palacios Farrera es el ejemplo clásico del oportunismo, de la incongruencia, de la charlatanería. Su caso es el arquetipo de las carreras políticas construidas a través del nepotismo, el chantaje y la coerción. Ella misma representa el tipo ideal de la complicidad. Su familia es espejo de los cacicazgos políticos que tanto daño le han hecho a Chiapas. Es paradigma de los políticos que se hicieron de grandes fortunas con la política. Hoy trataré de explicar por qué el PRI debería negarle la candidatura a la presidencia municipal de Cintalapa.

Empecemos por su ignorancia. Un político que aspira gobernar un país, un estado, un municipio debe reunir ciertas cualidades, ciertas virtudes, ciertas habilidades, conocimientos, dones humanos. Necesita tener la facilidad de expresarse claro. Gozar de buena fama pública es preferible porque muchas veces es eso lo que al elector le da confianza para votar por una persona. Pero no es el caso de la señora Palacios Farrera.

En su currículum presume ser licenciada en Derecho, y he aquí la primera razón para desechar sus aspiraciones políticas. Porque, ¿Qué confianza puede inspirar si miente acerca de su profesión?.

La diputada Palacios no es abogada, y no lo es porque no cuenta con cédula profesional en el Registro Nacional de Profesionistas. Incluso, con el sencillo hecho de presentarse como abogada sin un documento oficial que la avale está cometiendo el delito de usurpación de profesión, cuya sanción va de uno a seis años de prisión y de cien a trescientos días de salario.

Algo más que pone en evidencia su cortedad mental es que haya mencionado como experiencia en la administración pública haber sido candidata suplente del distrito dos. Jajaja. Es igual de absurdo como si un joven presumiera ser campeón olímpico y ni siquiera pasó las preliminares.

Por otro lado, su trayectoria partidista se reduce a tres cargos. Dos de ellos sin la menor importancia y que desempeñó sólo por algunas semanas. Sin embargo, el otro lo ejerció durante ocho largos años: la Secretaría General de la Confederación Nacional Campesina (CNC) en Chiapas, un apéndice del PRI que desde siempre ha sido utilizado con fines electorales y con el cual muchos priistas se han enriquecido desviando los fondos de apoyo para el campo.

Como todo mundo sabe, Luz María Palacios es esposa del cacique político Julián Nazar Morales. Y fue éste quien en 2010 la impuso en la Secretaría General de la CNC y la sostuvo en el puesto hasta el 2018. ¿Qué beneficios recibieron los campesinos chiapanecos durante su gestión? ¿Cuáles fueron sus contribuciones al campo? ¿Logró cumplir las expectativas inherentes a su función? En ninguna manera.

Por ejemplo, en el año 2010 la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) entregó a la CNC en Chiapas un monto por 120 millones de pesos del Programa Maíz Estratégico, que es una de las políticas que por mucho tiempo el gobierno federal ha implementado para incrementar la producción del grano y satisfacer la demanda de la población. En 2011, entregó otros 130 millones. Pero esos 250 millones de pesos jamás llegaron a los campesinos, ni siquiera una parte. Simplemente, desaparecieron. Y Luz María Palacios era secretaria general.

Aunque, a la verdad, el cargo fue un nombramiento simbólico. Porque en los hechos quien ejercía el control del organismo era su esposo, quien fue inculpado de un fraude por 400 millones de pesos de la Alianza para el campo durante el tiempo que él fungió como líder de la CNC (2001-2006).

Creo con eso basta para saber que la diputada Palacios Farrera es una sombra de su marido, una persona sin ética, sin trayectoria, ignorante de los más elementales principios de la política, de lo que significa gobernar.

COMPLICIDAD, CORRUPCIÓN, INCONGRUENCIA

Vayamos ahora a darle un vistazo a su complicidad, corrupción e incongruencia, que en su caso son aspectos que se combinan, que se entrelazan y que sobreviven alimentándose los unos de los otros.

Vea usted mismo. En octubre de 2019, Palacios Farrera subió a la tribuna del Congreso del Estado para acusar a funcionarios estatales y federales de cometer actos de corrupción en los recursos para el campo. Dijo: “yo como campesina no puedo permitirlo”.

El que escupe al cielo de baba se llena. No sé si llamarlo cinismo o desmemoria. Porque la diputada Palacios acusa de corrupción de algo de lo que no tiene pruebas y sabiendo que auditorías practicadas a la gestión de su esposo como secretario del campo en la administración anterior lo acusan de desviar alrededor de 90 millones de pesos de apoyos a los campesinos.

Las auditorías son la 139/2014, 078/2015, 110/2015 y 122/2014. En ellas se desglosa con puntualidad las irregularidades cometidas por Julián Nazar en distintos programas, sobre todo en paquetes tecnológicos, sistemas de riego, implementos agrícolas y el programa integral de desarrollo rural. Éstas señalan que los apoyos jamás llegaron a manos de los productores. ¿Dónde quedó todo ese dinero?.

Además, hay que hablar de que su esposo convirtió a su hermano Oliverio Palacios Farrera en el principal (por no decir único) proveedor de la Secretaría del Campo. A través de la Empresa Palacios y Asociados, S.A., que éste dirigía, dicha dependencia estatal compraba desde herramientas de arado hasta maquinaria agroindustrial, incluyendo insumos, fertilizantes y ganado.

Si se pregunta dónde está la complicidad de Luz María Palacios, pues está en que según revelaciones a este columnista ella se desempeñaba como presidenta del Consejo de Administración de mencionado grupo empresarial.

Ahí: complicidad, corrupción e incongruencia juntos.

¿VIOLENCIA POLÍTICA DE GÉNERO?

Ahora bien, la diputada Palacios tuvo el atrevimiento de utilizar recientemente la tribuna del parlamento para denunciar que ha sido víctima de violencia política de género.

Qué ironía. Ella se dice agredida cuando su esposo fue echado de la dirigencia estatal del PRI debido a un proceso interpuesto en su contra por un grupo de mujeres priistas que lo acusaron de haber violentado los derechos políticos de las militantes y de oprimir a diputadas locales y funcionarias del partido que se opusieron a sus arbitrariedades y abusos de poder.

Luz Palacios se martiriza sin razón, porque criticarla por su estulticia, su falta de méritos y su falta de perfil no es violencia política de género. Nadie la ha cuestionado por ser mujer. No obstante, ella calla ante lo que padecieron priistas como Fanny Nájera, Paulina Mota Conde, Iralda Luna, Haydeé Ocampo y Flor Jiménez, víctimas reales de misoginia, sexismo y machismo de Julián Nazar, su consorte.

Si en verdad fuera congruente hubiera aplaudido y apoyado la demanda de estas mujeres. Y hasta se hubiera opuesto a que su hermana fuera nombrada síndico del Ayuntamiento de Cintalapa por influencias de Julián Nazar, al que también acusaron de que durante su dirigencia desvió las prerrogativas del partido con el propósito de sentarla a ella en la alcaldía de ese municipio.

Espero que Luz María Palacios no me denuncie por violencia de género. Este escrito sólo tiene la intención de decir por qué no merece ser presidenta municipal. ¡Chao!

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