Juan Carlos Cal y Mayor / Columna

A ESTRIBOR / Juan Carlos Cal y Mayor 

*** La vida o la comida

Al grito de “Abrimos o morimos” los restauranteros de la CDMX decidieron armar una “cacerolazo” y abrir sus negocios desacatando el llamado de las autoridades a permanecer cerrados como parte de las medidas sanitarias para combatir la propagación del COVID. Al mismo tiempo los comercios informales permanecieron abiertos en muchas de las zonas populares de la ciudad. Igual sucede con muchos establecimientos en el país donde, indistintamente, según sea el criterio de la autoridad, a algunos los obligan a cerrar y a otros los toleran. Eso hace infructuoso todo esfuerzo por frenar la propagación porque la movilidad humana multiplica los contagios.

Lo vemos en Chiapas, donde bares y antros, son abarrotados por jóvenes sin ninguna medida estricta de protección. No se ha ordenado cerrar los negocios, pero la mayoría de los establecimientos formales se están esmerando en sanitizar y asegurar condiciones a sus clientes. Son los dos México. Unos pagan por otros, pero además los comercios formales están siendo asediados por el pago de sus créditos, rentas, seguros, el consumo de luz, internet, el pago de salarios y el pago de sus impuestos.

Ha sido criminal no solo el manejo irresponsable de la pandemia, sino la falta de apoyos, no a los grandes empresarios, pero sí a las micro, pequeños y medianos comercios. Cientos de miles han cerrado. El señor Obrador que nunca en su vida ha sabido lo que es pagar impuestos o administrar siquiera un pequeño negocio, no puede concebir que no puedan sobrevivir unas cuantas semanas sin ingresos. Simplemente no lo entiende. Cree en el estado benefactor y subsidiario, pero no entiende que éste funciona gracias al dinero de los contribuyentes.

Fuera de los beneficiarios de sus programas sociales a los que pretende mantener cautivos y literalmente condicionados para que sigan apoyando a su estrafalario proyecto de nación, están millones de pequeños negocios que generan el 80% de los empleos del país. Es un insulto ver como el señor Salinas Pliego presume su riqueza entre tanta desesperación y pauperización. Lo mismo sucede con Slim que ha incrementado sus negocios con este gobierno. Es el capitalismo de cuates, que tanto odiaban del PRIAN, donde lo único que ha cambiado es el capataz del gobierno en turno. Se mantiene vigente el neoliberalismo depredador ahora en su máxima expresión. La farsa de un discurso redentor equiparable a la grandeza que han prometido los grandes populistas de la historia. La demagogia en su apogeo.

Los que no pueden quedarse en casa como recomienda el gobierno y viven al día, tienen que correr el riesgo de salir a la calle y jugarse la vida. No todo se puede hacer en Home Office. La mayoría de las actividades son presenciales. Lo peor de todo es que la pandemia va para largo. Un presidente ciego, sordo, indiferente, ensimismado y ensoberbecido que quiere pasar la historia y vaya que lo va lograr. Será lo peor que le haya pasado a nuestro país.