José Adriano Anaya / Opinión

José Adriano Anaya / Sin opciones políticas

Los dos últimos gobiernos en Chiapas fueron desafortunados y dañinos para la población, que vio cómo disminuía la calidad de vida, por eso resulta preocupante que el gobierno que encabeza Rutilio Escandón, pinta para ser igual o peor que los gobiernos que le antecedieron, en el que permanece la indiferencia, la corrupción, la frivolidad, la ineficacia y en donde todo esto viene acompañado por la falta de proyectos y la inacción política, en donde el gobernador no toma decisiones simplemente porque no quiere correr riesgos.

En este sentido resulta alarmante, que Rutilio Escandón deje de cumplir con la principal obligación que tiene, que es la de gobernar. Con esto se deja de cumplir con la responsabilidad que representa la transformación de Chiapas. El gobernador, por el papel histórico que le tocó desempeñar, no podía equivocarse, pues es mucho lo que está en juego en este gobierno y sin embargo, después de transcurridos 26 meses de gestión, todo sigue igual, sólo que ahora con mayores niveles de inseguridad.

La descomposición social y política del Estado en Chiapas no es un hecho reciente. Más bien es un proceso de varias décadas atrás, en donde el propio levantamiento armado del EZLN hizo evidente que el Estado en la entidad se había agotado y que el sector gobernante había fracasado. El movimiento zapatista mostró que era necesario construir una nueva clase política, que no sólo renovara el funcionamiento del Estado sino que le diera otro sentido a las formas de convivencia. Paradójicamente Rutilio Escandón es parte de esa clase política que surgió después del zapatismo, que ocupó cargos de elección popular, pero que no muestra la prevalencia de un compromiso social con las transformaciones que se requiere para construir los nuevos rumbos de la historia de Chiapas.

Si se realiza un balance sobre las acciones emprendidas por el actual gobierno, en relación con las necesidades insatisfechas en la población, el gobierno de Rutilio le queda debiendo a Chiapas, de allí la trascendencia del proceso electoral en junio de este año, en donde votar por la alianza Morena-verde, es refrendar la continuidad de las malas decisiones y condenar a la población a vivir 18 años de malos gobiernos.

Chiapas en este momento vive una terrible crisis sanitaria acompañada por una crisis económica, que tiende a agudizar las condiciones de pobreza. A esto se le agregan problemas de gobernabilidad, de transparencia, de inseguridad, de pérdida de sentido, todo ello en medio de un proceso electoral en donde hoy, más que nunca, está en juego el futuro de Chiapas, con la gravísima carencia de una ciudadanía reflexiva, en donde la disputa electoral se está dando entre los malos de siempre en contra de los peores de ahora, situación que provoca la ausencia de opciones políticas, lo que significa que no hay una oferta política de cambio y de mejora de la vida pública en Chiapas.