Mario Caballero / Columna

Letras Desnudas / Mario Caballero

*** ¿Por qué deberíamos apoyar a la CNTE?

Érase una vez, un cerdo conocido como el Viejo Mayor convocó en el establo a todos los animales de la granja para contarles un sueño que había tenido noches antes. Todos, desde el ratón más pequeño hasta los caballos, lo escucharon con atención. Nadie lo interrumpió. La elocuencia del puerco fue tanta que quedaron fascinados. Luego vino lo mejor.
La narración del sueño fue estupenda, llena de detalles y color, pero la interpretación fue incluso más atractiva. El Viejo Mayor les dijo que ellos eran los del sueño. Si antes habían quedado fascinados, después de esa revelación pasaron al entusiasmo. Se sintieron dueños de sí mismos. Creyeron a las palabras del líder. Y hasta cobraron valor cuando el cerdo les aseguró que al ser ellos quienes trabajaban de día y de noche para que la granja produjera, se merecían cada uno de los beneficios.
Finalmente, los motivó a iniciar una rebelión para adueñarse de la propiedad de sus amos, la Granja Manor. Lamentablemente, el puerco murió tres días después de haber contado su sueño, en medio de los preparativos de la revuelta.
Sin embargo, como detrás de cada líder hay muchos deseando tomar su lugar, el resto de los cerdos asumió el liderazgo y encabezó la lucha de los animales contra los humanos.
El señor Jones, dueño de la granja, y su familia, no pudieron contra la furia de los perros, la fuerza de los caballos, las embestidas de los marranos, de los patos, de las gallinas y terminaron por huir dejando atrás todas sus pertenencias. Las sanguinarias mordidas y las violentas coces fueron más efectivas que las armas de fuego. A partir de ese día, los cerdos tomaron el control de la granja, que después del encarnizado enfrentamiento pasó a llamarse Granja Animal.
Los puercos dejaron de vivir en la porqueriza y se mudaron a la casa del señor Jones. Ya no dormían en el lodo, sino en suaves camas. Ya no comían desperdicios, sino frescas y jugosas frutas, leche, queso y los mejores granos. Sorprendentemente, poco a poco fueron desarrollando habilidades similares a las de los hombres. Pues aprendieron a leer, a escribir, a caminar en dos patas, a usar ropa y las herramientas del campo. Y un día de tantos inventaron siete mandamientos con los que se regirían todos los habitantes de la Granja Animal, y las escribieron en letras blancas en la pared trasera del establo.
Esa granja, para asombro de muchos, comenzó a prosperar. Los cerdos aprendieron a comunicarse con los humanos y a hacer negocios. Durante un tiempo hubo un paz y tranquilidad. Los animales se sentían a gusto aprovechando el fruto de su trabajo. Con jornadas más adecuadas y un pago digno. Así fue durante algún tiempo, hasta que los cerdos, siendo los más inteligentes entre todos, comenzaron a abusar de su poder.
De la misma manera en que los animales habían ganado privilegios, los fueron perdiendo. Los marranos empezaron por racionarles el alimento bajo el pretexto de que estaban escaseando cuando era todo lo contrario. Y mientras les aumentaron las horas de trabajo, ellos disfrutaban de placeres, de la mejor comida. Pobre de aquella bestia que se negara a cumplir sus órdenes, pues era atacada por los perros que servían como agentes del orden y la represión.
Sucesivamente, Napoleón, uno de los cerdos, se convirtió en el único soberano y los siete mandamientos fueron modificándose a su conveniencia. Era un tirano que abusaba de su autoridad para siempre salirse con la suya. Imponía y disponía. Él es quien se encargaba de hacer los negocios con los demás finqueros, de manejar las ganancias y condicionar los beneficios al resto de la especie de la granja, que se resignaba al maltrato, a obtener una ración de comida que cada día era más pobre, al poco descanso y a estar bajo la supervisión de los puercos y al asedio constante de los canes, que sólo obedecían y rendían cuentas al jefe.
La Granja Animal alcanzó gran éxito económico, pero no sólo por la gran habilidad de Napoleón para los negocios, sino más específicamente por el trabajo arduo e infatigable de los animales, quienes un día lograron darse cuenta que sus compañeros cerdos habían adoptado la misma conducta de los humanos. La única diferencia con sus antiguos amos, es que los cerdos podían ser incluso más severos, más salvajes y no sentir la mínima piedad ante el dolor de los otros.

TRISTE ALEGORÍA
La historia anterior es muy similar a la historia real que vive y ha vivido la CNTE los últimos años. Y si pudiéramos ubicar una diferencia es que los cerdos de la Granja Animal tuvieron en un primer momento una razón justa por la cual luchar, aunque después desviaron el objetivo al probar el poder. Caso contrario con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, que inició un movimiento con motivos falsos y que trasgreden toda legalidad.
George Orwell es el autor de la novela La Rebelión en la Granja, que traté de simplificar párrafos antes. Es de lectura obligada y de mucha actualidad a pesar de que fue publicada en 1945. Aunque el escritor británico quiso representar mediante una brillante fábula el comportamiento del régimen soviético de Stalin, retrata todos los movimientos sociales en el mundo que han terminado en dictaduras o en formas de gobierno sectoriales de piedra y garrote, como el que encabeza Pedro Gómez Bámaca en la CNTE.
Ahora que los maestros han vuelto a la rebelión es preciso cuestionar su movimiento. ¿Cuáles son las razones actuales de la lucha? ¿Hasta dónde pretenden llegar? ¿Por qué tendríamos que apoyarlos?
Si analizamos lo que ha sido de la Coordinadora desde 2013, año en que se levantó contra la reforma educativa de Peña Nieto, veremos que los beneficios sólo han sido para los líderes, mientras el profesorado sólo se ha desgastado en las marchas, en los plantones y padecido calor, lluvia, desprecios y golpes en su economía.
¿Qué recibieron los maestros que marcharon, que se quemaron de sol y que durmieron en la intemperie? Nada. Tan sólo acataron las órdenes de los dirigentes para que fueran éstos los que se llenaran los bolsillos. Igualito a lo que sucedió en la Granja Animal.
Por otro lado, la CNTE, nutrida por los docentes de la sección 7 del SNTE, han vandalizado dependencias gubernamentales, robado el cobro de las casetas de peaje, perjudicado comercios (nada más en el paro magisterial de 2013 la pérdida económica para el sector privado rebasó los 170 millones de pesos); sus movilizaciones provocaron el cierre de empresas y que miles de personas perdieran sus empleos. Asimismo, los enfrentamientos que han tenido con las fuerzas del orden tienen una carga de muertos, como los de Nochixtlán (2016) o como el profesor David Gemayel Ruiz (2015), por mencionar algo.
Como el cerdo Napoleón que no toleraba ningún intento de insubordinación, los líderes de la CNTE han reprimido, condicionado los derechos e incluso han rapado a todos aquellos que no comparten sus métodos de manifestación ni las causas de la lucha.
A todo esto, hay que sumar el daño que le han hecho a los miles de niños y jóvenes chiapanecos a los que han dejado sin clases por días, semanas y hasta meses. Es decir, los de la CNTE son también responsables de que Chiapas tenga el último lugar en aprovechamiento escolar de todo el país.
A la sazón, ¿por qué tendríamos que apoyar a la CNTE si ha sido la causante del peor desastre en el sector educativo chiapaneco?

INTERESES POLÍTICOS
Hasta el final de la historia, los animales se dieron cuenta de que los puercos podían ser iguales o peores que los seres humanos. Después de seis años del movimiento de la CNTE, me pregunto si los maestros algún día se darán cuenta de que nunca obtendrán nada (a excepción de los líderes, por supuesto) en esta lucha que a todos nos afecta.
Me pregunto, también, si saben que son carnada para enfrentarse al gobierno, borregos que escuchan la voz de su señor y obedecen, recuas de un conflicto político que nada tiene que ver con los derechos sindicales, sino con recuperar el control de las plazas para la dirigencia sindical y la rectoría de la educación. ¡Chao!

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