Mario Caballero / Columna

Letras Desnudas / Mario Caballero

*** El caníbal

¿Quién puede asegurar que conoce realmente a una persona? ¿Sabes con quién te estás casando? ¿Quién es, él o ella, al que le estás dando un empleo? ¿Puedes afirmar que tu compañero de clase es quien dice ser? Hay parejas que han vivido juntos por décadas y cuentan que a veces no tienen idea sobre lo que puede gustarle o enfadarle al otro. Peor todavía, muchos padres caen en una profunda depresión al darse cuenta que su hijo o hija no eran como ellos creían. Se pasaron años criando a un desconocido.
Eso les pasó a los padres, amigos, vecinos, jefes y, lamentablemente, a la compañera sentimental de Jimmy Virgilio Villatoro Argüello. Todos ignoraron que convivían con uno de los asesinos más sanguinarios que haya visto el mundo.
Jimmy se veía como cualquier otro tipo. Normal, digámoslo así. De esos que te saludan al pasar por la calle, que tienen el hábito de lavar su automóvil los días domingo o ir a misa. Quizá igual que tu vecino de enfrente, al que ves todas las mañanas salir rumbo al trabajo y volver por las noches con las obvias marcas de cansancio de la jornada laboral.
Aunque, tal vez, Jimmy se distingue de los demás al ser todo un nerd de la tecnología. Es ingeniero y maestro en Sistemas Computacionales. Hace varios años obtuvo el grado master en Ciencias de la Computación con formación en Base de Datos en una de las tantas universidades privadas de Tuxtla Gutiérrez. Incluso, egresó con mención honorífica en Desarrollo de Proyectos.
Un estudio de perfil intelectual-abstracto descubrió que Jimmy tenía la mente de un genio, pues posee grandes habilidades para el cálculo, álgebra, programación, algoritmos, gestión de base de datos y desarrollo de software. Por todas esas cualidades fue contratado por varias instituciones educativas en el estado y en la región sur-sureste de México. En la capital de Chiapas creó su propia empresa, “Espiral”, con la que no tuvo mucho éxito.
Ese genio de la informática tenía una vida social saludable. Salía con amigos, tenía buena relación con sus compañeros de trabajo y conquistó una linda chica con quien formó un hogar y una familia. Viviendo del diseño de páginas web, dando clases y del desarrollo de software para empresas y escuelas, Jimmy pasó inadvertido. Nadie se dio cuenta que detrás de esa inteligencia estaba escondido un criminal, un psicópata cuya ambición en la vida no era convertirse en el próximo Bill Gates o en el sucesor de Steve Jobs. No. Era, tal parece, volverse el asesino más famoso de Chiapas.

WENDY
Dueño de un sentido del humor singular, de algún modo Jimmy se las arregló para que Wendy Lizzeth Ochoa Méndez, una joven originaria de Mapastepec, fuera su novia. Ella no se dio cuenta que estaba entregando su vida a un maestro de informática que llevaba una doble identidad, de la que ni sus familiares sabían.
Al principio de la relación Jimmy fue muy bondadoso con Wendy. Le daba detalles y la trataba bien. Solían pasear de vez en cuando, ir al cine, a las plazas. Dada esa imagen de candor y enamoramiento, quién se iba a imaginar lo que ocurría cuando se cerraban las puertas de la casa donde vivían.
Wendy, chica esbelta y ojos almendrados, tenía la sana intención de terminar una carrera profesional, encontrar un buen trabajo y construir una familia al lado de un hombre que la respetara y la hiciera sonreír. Creyó haber cumplido parte de ese sueño cuando se unió a Jimmy. Por lo demás, estudiaba el bachillerato en el Sistema Educativo Universitario Azteca de esta capital, instituto en el que Jimmy había prestado sus servicios.
El concubinato duró alrededor de cuatro años, y durante todo ese tiempo Wendy fue torturada. La relación se hizo insoportable. La joven deseaba que las horas de clases se extendieran hasta el infinito para no volver a casa. Pero un día, harta del martirio, tomó la firme decisión de separarse de su verdugo. Se fue, pero murió meses después.
El 12 de octubre de 2011, acudió a suplicar auxilio a la Fiscalía Especializada en la Protección de los Derechos de las Mujeres. Entre lágrimas contó el calvario que había vivido al lado de Jimmy, pero sus ruegos cayeron en oídos insensibles, los de la Fiscal del Ministerio Público Irma Alicia Bautista Márquez, que se limitó a integrar la averiguación previa 832/UEDSYVF1/211 por los delitos de violencia familiar e incumplimiento de los deberes alimentarios, pues la joven era madre de un niño.
La Fiscal la despidió diciéndole “no tengo tiempo para investigar lo demás”. No le importó que Wendy le contara que en varias ocasiones su pareja la sumergió en un tambo lleno de agua. Y que una noche la roció con gasolina y trató de quemarla viva, pero afortunadamente el cerrillo no encendió porque la caja que los contenía estaba mojada.

POR FIN PAZ EN MI CORAZÓN
Jimmy era un sádico que grababa cada una de las golpizas que le propinaba a su pareja. Al día siguiente, salía de su casa para ir al trabajo como si nada hubiera pasado. Si en el camino se topaba con algún vecino lo saludaba con gentileza y si tenía tiempo hasta le hacía plática. No tenía el menor remordimiento por las atrocidades que horas antes había cometido contra la mujer a la que prometió amor eterno.
Tres días antes del asesinato, Jimmy compró varios cuchillos y los afiló en la comodidad de su casa. Asimismo, revisó que la cámara de vídeo estuviera en óptimas condiciones para grabar la escena más importante de su vida: la muerte de Wendy.
El día que la joven mujer perdió la vida tan sólo tenía 19 años de edad. No se dio cuenta que la observaban. Jimmy conocía sus horarios y la fue a esperar a la salida de la escuela. La vio salir y dejó que su presa avanzara algunos metros para no causarle señales de alarma. Y en el momento más oportuno la secuestró y la condujo a su domicilio.
Era sábado, 28 de abril de 2012, Wendy yacía de espaldas atada de pies y manos. Tenía la boca perfectamente cubierta para que no soltara el menor susurro. La cámara grabó cada segundo de su sacrificio. Si existe algo comparado con el tamaño del universo es la maldad del hombre. Jimmy sacó los cuchillos y alardeó frente a la lente. Su rostro dejaba bien en claro que lo disfrutaba. Se reía. Se burlaba de su víctima. Y el momento llegó a su clímax cuando aparecieron los primeros brotes de sangre.
Hay quienes son incapaces de cortarle el pescuezo a una gallina, pero Jimmy no. Asesinó a su expareja con demasiada crueldad. La estranguló. Cortó sus miembros. Los metió en bolsas de plástico y los regó por la ciudad. Antes de deshacerse del tronco, le extirpó el corazón y se lo comió. De ahí que se le conozca como el “Caníbal de Tuxtla”.
Subió a su automóvil y tiró los miembros debajo de los puentes que están a la altura del mirador Los Amorosos, en el lado norte poniente de la ciudad. Ahí también arrojó la cabeza, que había desfigurado para que no fuera identificada. El tronco lo aventó al río Sabinal cerca de la extinta Procuraduría General de Justicia del Estado.
Las partes del cuerpo fueron descubiertas el 2 de mayo, y Jimmy Virgilio fue detenido el día 15 del mismo mes mientras celebraba con sus amigos el Día del Maestro. Sonriente, sin el menor gesto de arrepentimiento, confesó todo. Fue increíble la tibieza con que narró los hechos. Aceptó ser el asesino de Wendy con una naturalidad demoniaca.
En la víspera de su aprehensión escribió en su muro de Facebook: “Por fin paz en mi corazón”.

RECAPTURA
La narración anterior fue reconstruida con los testimonios y el cerco informativo que existe al respecto. Es importante traerlo al presente al saber que Jimmy Virgilio Villatoro Argüello fue reaprehendido la madrugada de este jueves mediante una nueva orden de aprehensión en su contra por el delito de feminicidio, luego de que le fuera dictado auto de libertad en meses pasados.
Este caso demuestra que en el Chiapas de hoy se privilegia la justicia. No más complicidades para encubrir criminales. Si no la aplicación irrestricta de la ley en beneficio de las víctimas.
Los feminicidios y los crímenes de género han ido al alza los últimos años en todo México. Con la reaprehensión del Caníbal de Tuxtla se está dando un contundente ejemplo de voluntad política, sobre todo de la Fiscalía General de Chiapas, encabezada por Jorge Luis Llaven Abarca, que para este caso promovió la revocación del auto de libertad con el objetivo de garantizar la justicia que merece. Y pide la sentencia máxima. Bienvenido sea el régimen de legalidad. ¡Chao!

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