Sr. López / Columna

La Feria / Sr. López 

*** Callejón sin salida

Cuando pasó al definitivo estado de fiambre el tío Agustín, papá del primo Pepe (ya sabe quién, el más impresentable primo que tenerse pueda), fue comidilla de toda la familia que su testamento tenía una extensión de 247 hojas tamaño legal; en el primer párrafo decía qué dejaba a su viuda y a Silvita, su hija, y en el resto del documento, detallaba todo lo que NO le dejaba a su hijo, Pepe: de propiedades a cuadros, adornos de su casa, ropa de cama, cortinas, vajillas y su colección de cucharitas. Conocía el sebo de su ganado.

Por favor, póngase de pie para leer lo siguiente (palabras presidenciales del sábado pasado):

“Hace como dos días apareció un documento firmado por legisladores de Estados Unidos, quejándose de la política energética que estamos aplicando en nuestro país (…) en lo que tiene que ver con la política energética de nuestro país, no hemos suscrito ningún acuerdo con el gobierno de EU o de Canadá (…) de conformidad con la letra y sobre todo con el espíritu del artículo 27 de la Constitución (…) vamos de acuerdo a los marcos legales a darle preferencia tanto a la CFE como a Pemex (…) no vamos a dar ni un paso atrás (…)” Bonito, ¿no?

Y a las maracas, doña Nahle, secretaría de Energía, coreó: “En el marco del TMEC en el capítulo de energía, México se reservó su derecho de soberanía y total apego a la constitución política de los Estados Unidos Mexicanos”. Sic de así escribe, qué pena sus maestros.

Puede asegurarse que entre los cercanos al Presidente, debe haber alguno que haya leído (y entendido) el T-MEC, seguro. No se vale que lo dejen aventarse al vacío sin paracaídas.

El T-MEC por supuesto se sujeta explícitamente a lo que dice nuestra Constitución, ni modo que no (en su Capítulo VIII, para mayor precisión), y eso nutre el alma llanera de nuestro Presidente pero da penita confirmar que no ha leído la Constitución, que en su artículo 27 dice:

Párrafo seis: “Corresponde exclusivamente a la Nación la planeación y el control del sistema eléctrico nacional, así como el servicio público de transmisión y distribución de energía eléctrica; en estas actividades no se otorgarán concesiones, sin perjuicio de que el Estado pueda celebrar contratos con particulares en los términos que establezcan las leyes (…)” No se otorgarán concesiones sin que eso impida que el Estado contrate particulares… ¡particulares!

Y en el párrafo siete, reza: “Tratándose del petróleo y de los hidrocarburos sólidos, líquidos o gaseosos, en el subsuelo, la propiedad de la Nación es inalienable e imprescriptible y no se otorgarán concesiones. Con el propósito de obtener ingresos para el Estado que contribuyan al desarrollo de largo plazo de la Nación, ésta llevará a cabo las actividades de exploración y extracción del petróleo y demás hidrocarburos mediante asignaciones a empresas productivas del Estado o a través de contratos con éstas o con particulares, en los términos de la Ley Reglamentaria”… otra vez, ¡los particulares!

Estamos claros, el petróleo es únicamente de la Nación mientras esté bajo tierra (en el subsuelo). En lo demás, la ley permite que le entren los particulares. Y respecto de la electricidad, que no es un recurso natural, ahí por favorcito, le avisan al Presidente (da vergüenza que se refiera a la electricidad comorecurso natural), en la electricidad, repito, los particulares también pueden participar, como dice la sacrosanta Constitución.

Por supuesto algo debe sospechar el Presidente, porque si no, no pregonaría que si le da la gana, la cambia… ha de creer que los gobiernos de Canadá los EUA, y los empresarios de esos países son lo que sigue de tontos (rima con azulejos):

El T-MEC incluye una cláusula de irreversibilidad (diga ‘ratchet’ si quiere apantallar), que impide cambios legales posteriores de los países firmantes, que alteren negativamente los términos del tratado. Y al revés: cualquier cambio legal que beneficie los términos del tratado, automáticamente forma parte del tratado.

En el tratado anterior, el TLC, se ratificaba el cerrado régimen legal mexicano del sector energético, entonces vigente; pero al negociar el T-MEC, México había abierto el sector a la iniciativa privada y así lo negoció antes en el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (TPP o TIPAC, al gusto), firmado en febrero de 2016, con su respectiva cláusula de irreversibilidad (tampoco son tontos), igual que en otros Acuerdos para la Promoción y Protección Recíproca de las Inversiones (APPRIs), firmados con países europeos, todos con su cláusula contra rajones. Por eso sin secreto, se puso lo mismo en el T-MEC: nadie se pase de listo.

Por cierto: en el TPP firmado por México dice que ‘las empresas propiedad del Estado o monopolios del Estado, no pueden recibir trato favorable o preferencial’. Eso vale para el T-MEC. Así se firmó con dedicatoria a Pemex y CFE, pero-por-supuesto.

El T-MEC incluye otro candado: cualquier otro tratado que en lo futuro firme alguno de los tres países, con mejores condiciones, sin más trámite, esas condiciones forman parte del T-MEC.

Son medidas preventivas lógicas: nadie invierte toneladas de dinero confiando en la buena voluntad del otro ni en que en el futuro no llegue un loco al poder.

¿Qué pasa si el Presidente insiste en su necedad de Pemex y CFE?… bueno, aparte de que nos van a arrastrar por tribunales y paneles de controversia, aparte, nos pueden aplicar multas y sanciones espeluznantes y si le colmamos el plato al que sea inquilino de la Casa Blanca, puede optar por transformar el T-MEC en tratado bilateral con Canadá, echando fuera a México.

Esto último es difícil que lo hagan, lastimaría muchísimo a las empresas de EUA y Canadá y tal vez a eso se atenga el Presidente con sus bravatas de cambiar la Constitución y dar trato preferencial a Pemex y CFE, sin calcular que nadie echa vencidas con King Kong: se juega al país en ese albur. No le queda sino echarse para atrás o incendiar al país. Él solo se metió en un callejón sin salida.