A cuidarse

Vanguardia 

Los sobrevivientes al COVID-19 enfrentan un camino largo hacia la recuperación total. A la atrofia muscular, debilidad y cicatrices respiratorias se suman cuadros psiquiátricos y neuropsquiátricos asociados al coronavirus, como depresión, trastorno de estrés postraumático y alteraciones cognitivas.

Expertos dicen que hay una estrecha relación entre las secuelas mentales que deja la enfermedad, y la inflamación que el COVID–19 causa en el cuerpo, misma que limita el flujo sanguíneo al cerebro.

La revista Science ha alertado de efectos persistentes como consecuencia del virus en los pacientes, pero también de los tratamientos de emergencia que les permitieron sobrevivir.

Y es que además de los pulmones, la inflamación generalizada en el cuerpo y la falta de oxígeno pueden causar daños en riñones, hígado, corazón y otros órganos como el cerebro, por lo que se esperan “discapacidades duraderas” en los sobrevivientes.

A los pacientes graves que necesitan ser intubados se les administran sedantes para tolerar la incomodidad y el dolor; pero estos fármacos aumentan el riesgo de “delirio intenso prolongado”.

La revista médica británica The Lancet reportó complicaciones neurológicas y psiquiátricas como efectos directos de las infecciones causadas por coronavirus similares  como SARS y MERS.

Los sobrevivientes sufren fatiga, depresión, insomnio, deterioro de la memoria y recuerdos traumáticos. En una pequeña proporción (0.7%) manía y psicosis.

The Lancet identificó 72 estudios independientes que proporcionaron datos sobre las características psiquiátricas y neuropsiquiátricas agudas y posteriores a la enfermedad de la infección por coronavirus.

España ha reportado problemas de movilidad y neurológicos en los pacientes que han sobrevivido el COVID-19.

La Sociedad Española de Neurología ha reportado que las manifestaciones neurológicas más frecuentes vinculadas al COVID–19 son encefalopatía, inctus (infarto cerebral), pérdida de olfato y cefaleas persistentes.