José García Segura / Columna

CONTRAFILO / José García Segura

*** ¡Que Dios nos agarre confesados!

En otro tiempo hubo, en México, un “Presidente Caballero”, otro, “del

Empleo” y hasta quienes ofrendaron su vida defendiendo nuestra moneda

“como perro”.

Con motivo de la pandemia, las redes sociales localizaron, en México,

al “presidente del contagio” (dos millones 084,128 personas desde la

aparición de esa enfermedad).

Integrantes del gabinete legal y ampliado han sido contagiados,

destacadamente el encargado de combatir el mortal virus, Hugo López

Gatell quien según medios de prensa está hospitalizado pero, a decir

de la autoridad, se encuentra en casa).

La fallida política mexicana anti covid provocó la muerte de 185,257

individuos, en su mayoría en edad de trabajar.

A los problemas de salud, desempleo e inseguridad de los mexicanos

agregue usted la baja en las remesas, una moribunda actividad

turística y el que seamos herederos del “partido de la delincuencia

organizada” según ha informado el presidente Obrador.

“Hay regiones en donde la delincuencia organizada decide quién debe

ser el candidato y quién va a ser el presidente”.

De acuerdo con la agenda bilateral, los presidentes Joe Biden y Andrés

Manuel López Obrador sostendrán un encuentro virtual esta mañana de

lunes 1 de marzo.

En ella, Obrador plantearía al presidente Biden un programa similar al

Programa Bracero (1942-1964) esta vez en favor de los mexicanos “y la

oleada de centroamericanos” que obligadamente pasan por nuestro país.

En aquellos años, al menos 5 millones de mexicanos cruzaron a Estados

Unidos de manera legal. Ganaban en dólares.

Parco en su hablar, Don Lupe, conocedor del tema migratorio (formó

parte del Mexican Farm Labor Program) y refugiado desde hace medio

siglo en la CDMX toma su tiempo  y exclama: como están las cosas, “que

Dios nos agarre confesados”.

Ya vimos que ante el coronavirus y otros males poco o nada ha servido

el “Detente enemigo… el Corazón de Jesús está conmigo” que AMLO lleva

en su  cartera o guarda debajo de la almohada.

Si Biden y Obrador atendieran la migración regional, “abordando sus

causas fundamentales, aumentando la capacidad de reasentamiento y las

vías de inmigración alternativas legales”, la caldera reduciría su

presión; de lo contrario, como dijera aquel, que Dios nos agarre

confesados.

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