Sr. López / Columna

La Feria / Sr. López 

*** ¡Basta!

Contaba la abuela Elena que un primo suyo, pianista clásico, radicado en Guadalajara, heredó el muy próspero rancho de vacas lecheras de su padre, en Autlán. Renunció a la herencia y la entregó a sus hermanas para que sus maridos siguieran trabajando el rancho, como ya hacían para su padre. Al regresar a Guadalajara explicó que primero muerto que pasar de un Nocturno de Chopin a una ordeña de madrugada: -Yo me acabo el rancho en un año, no sirvo para lo que no sirvo –y sus cuñados le pasaron toda su vida una buena renta. Todos contentos.  

Durante la presente administración federal se han presentado varias renuncias por diversos motivos, entre otras:

Carlos Urzúa en julio de 2019, se fue de Hacienda por dignidad y para no arrastrar su prestigio, señalando en carta abierta que se le impusieron funcionarios sin experiencia y que la administración federal en turno (manera larga de decir ‘el Presidente’) toma decisiones de política pública sin sustento.

El inmensamente dañino Javier Jiménez Espriú renunció a la SCT el 23 de julio de 2020, por estar en desacuerdo en que Marina tomara a su cargo las aduanas y los puertos del país.

Josefa González Blanco dejó Semarnat el 25 de mayo de 2019, asumiendo el error de haber hecho que la esperara casi 40 minutos un vuelo comercial.

También renunció a Semarnat, Víctor Manuel Toledo, el 1 de septiembre de 2020, disque por cosas de su salud, después de que se ‘filtró’ la grabación de él diciendo “la 4T no existe, es un gobierno lleno de contradicciones” (y eso es muy malo para la salud laboral de cualquier funcionario, sin duda).

Germán Martínez Cázares renunció a la dirección general del IMSS el 21 de mayo de 2019, acusando a los funcionarios de Hacienda de intervenir en las finanzas del Instituto y adeudarle más de mil millones de pesos que le correspondían.

Solo Urzúa y Germán Martínez han renunciado dando machetazo a caballo de espadas. Tal vez hasta con mal estilo. Pero donde las dan, las toman… así de hartos han de haber estado.

Viene a cuento por lo que decíamos ayer acerca de la discutible responsabilidad civil, penal o administrativa de la Jefa de Gobierno de la CdMx y sus antecesores, por la tragedia sucedida por negligencia criminal en la Línea 12 del Metro, que al último reporte arroja 25 decesos y decenas de heridos, sin contar los daños materiales. A las derechas es muy difícil establecer su responsabilidad directa en tan terrible accidente. Sí.

Sin embargo, la cosa se puede ver de otra manera: si nuestros políticos toman como muy merecidos los aplausos, bien podrían a la par, afrontar los abucheos. En los tiempos ya idos del partido hegemónico, todos los servidores públicos de primer nivel, sabían que cualquier metida de pata que significara crítica al régimen, la pagaban de inmediato con el despido presentado como renuncia “por motivos de salud”; los presidentes de esos entonces ni se despeinaban: ¡El que sigue!

Por otro lado: los secretarios y titulares del gabinete ampliado, aunque jurídicamente sea imposible hacerlos responsables de todo lo que sucede en las áreas de su responsabilidad, sí deben asumir las consecuencias de los hechos de gravedad que sucedan en las carteras a su mando, renunciar por dejar franco el camino a quienes deben investigar los hechos, renunciar por la elemental decencia de aceptar que han fallado. El capitán de un barco que se hunde no se trepa a un bote salvavidas, prometiendo ir a fondo en la investigación, caiga quien caiga… no, no, se hunde con su nave (bueno, eso dicen, nunca ha visto este menda tal extremo).

En Beirut, el 4 de agosto del año pasado, estalló una bodega en el puerto, causando 160 muertes. A los seis días renunciaron el presidente del Líbano, Hasan Diab, y todo su gabinete. Lo hizo en mensaje por televisión a todo su país, señalando la necesidad de tener un Ejecutivo de salvación nacional. Hay de esos.

Acá, hay uno que declaró en un video que subió a las redes: “En cualquier lugar del mundo sucede una desgracia así y hay responsables. No se castiga, como lo hacen aquí, a los chivos expiatorios; se exhibe a uno o dos funcionarios y se acabó. En este caso, cuando menos debería renunciar el Secretario”.

Quien lo dijo, lo dijo por la muerte de dos personas cuando lo del socavón en la carretera México-Cuernavaca, el 16 de julio de 2017; lo dijo refiriéndose al secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza; lo dijo quien ahora es el Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, que ahora, por esta tragedia causada por negligencia criminal, dijo:

“Es una triste noticia, enviamos el pésame a los familiares de las víctimas del accidente (…) no hay una fecha aproximada para terminar las indagatorias (…) con apego a la legalidad y con justicia, va a haber justicia”. ¡A todo dar!

Luego de tan sensibles palabras, con su corbata lila, expresó que lamenta… la calidad de la prensa; eso mero: “Yo lamento que los medios de información en el país estén tan obcecados en atacar al gobierno que represento, desde el tiempo del presidente Madero no se tenía una prensa así, tan tendenciosa, golpeadora, defensora de grupos corruptos, una prensa que se dedica a mentir constantemente, con honrosas excepciones para no generalizar”.

Bueno, eso es lo que tenemos. Eso es lo que eligió la mayoría. Ya ni modo… ¿de veras?… ¿ya ni modo?… no, sí hay modo. Sin aspavientos, sin estridencias, como acaba de hacerle la gente en Madrid a un muy cuatito de la 4T, por cierto, el insoportablemente soberbio, estrepitoso, traficante de mentiras, Pablo Iglesias, poderosísimo exministro y ex número dos del Gobierno español, líder de la fuerza de izquierda ‘Unidas Podemos’ -sic- y candidato a la Asamblea de Madrid. Sobrado y considerándose invencible, lo mandaron al último lugar, con el 7.21% de los votos. Pero eso sí, salió a votar el 76.25% de los madrileños.

Después de tal derrota, el Iglesias anunció su retiro de la política. Bueno sí, pero no se retira, lo retiran. Al menos allá, la gente dijo ¡basta!