Fernando Belaunzarán / Opinión

La tradición está de vuelta, pero en un México distinto. El hombre fuerte del país se jacta de su facultad metaconstitucional para designar a su sucesor, nombrando a los posibles agraciados, como si la restauración autoritaria ya se hubiera completado, las elecciones en 2024 estuvieran destinadas a ser un mero trámite y el nuevo partido oficial tuviera garantizado el triunfo, como si el peso de la decisión sobre quien encabezará el siguiente gobierno descansara efectivamente en su dedo índice.

Llama la atención la paradoja. El Presidente que más poder ha acumulado en las últimas décadas y no deja de hacer campaña para mantener su popularidad, adelanta el proceso sucesorio y pone a los tapados a hacer méritos, buscar adeptos y encontrar la manera de hacerse notar en una vida pública dominada por su protagonismo. La lucha soterrada dentro del gabinete y el partido no fortalece su gobierno, pero responde a cálculos electorales que son, a fin de cuentas, los únicos que le interesan.

Por una parte fue una forma de rescatar a quien parece ser su corcholata preferida. Las derrotas de Morena en las pasadas elecciones en la CDMX fueron un duro revés para Claudia Sheinbaum y hacerla correr como presidenciable es estrategia de control de daños. Pero también pretende que el creciente descontento con el gobierno federal, distinto y contrastante con la aprobación personal del titular del Ejecutivo, no signifique el fortalecimiento de la oposición. Para ello reciclan la vetusta cultura política de ilusionarse con el delfín de su preferencia, sosteniendo que éste enmendará el camino, y que lo fundamental es que el dedazo sea acertado.

“Ella tiene que ser disciplinada para mantener la confianza del gran elector, pero ya como presidenta enmendará el camino y cumplirá con las expectativas que hasta el momento han sido defraudadas”. La esperanza, dicen, es la tapada, aunque para sostenerlo tengan que desentenderse de la evidencia y recurrir a la fe.

A pesar de los resultados electorales, la jefa de Gobierno mantiene una política de confrontación con la oposición. En el Congreso de la CDMX reina el autoritarismo más ramplón y aplican por costumbre planchas con la exigua mayoría que tiene el bloque oficialista gracias a la sobrerrepresentación y la compra de algunas voluntades. Sheinbaum ignoró el mandato de los ciudadanos y en lugar de entenderse con la nueva pluralidad, optó por cumplir a pie juntillas las órdenes de Palacio Nacional y seguir atizando la polarización. ¿La obediencia ciega se transformaría en independencia, imponiéndose a la tentación del maximato? No faltará algún ingenuo que lo crea.

Andrés Manuel López Obrador ya adelantó que el método de selección será la encuesta, es decir, su criterio. Los presidentes del priato tampoco aceptaban públicamente que la determinación del candidato oficial sería suya, pero nadie se engañaba. Los primeros en denunciar como una farsa las supuestas mediciones para definir abanderados en Morena han sido militantes y dirigentes de ese partido, y basta ver a los suspirantes desgañitándose por agradar al Presidente para saber que ellos no tienen duda de dónde está el factótum de la decisión.

Por lo mismo, Ricardo Monreal, quien sabe que los afectos presidenciales no le favorecen, rechaza la encuesta y demanda elecciones primarias para determinar al candidato presidencial. No sobra recordar que se trata de la misma exigencia que en su momento hiciera la Corriente Democrática del PRI, cuyo rechazo llevó a Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez, entre otros, a abandonar ese partido para participar en un amplio frente de partidos en una elección que se convirtió en parteaguas histórico, no obstante el fraude electoral que hizo tan famoso a Manuel Bartlett.

Pero no estamos en el siglo pasado, aunque el Presidente pretenda reciclar ritos del viejo régimen, la narrativa del “cambio desde dentro” no sólo es dudosa, pierde efectividad al haber posibilidades más creíbles. La oposición en su conjunto obtuvo más votos en 2021 que la coalición oficialista. Ahora se puede vencer al partido en el poder en las urnas, conquista que los mexicanos están llamados a defender.