Mario Caballero / Columna

Letras Desnudas / Mario Caballero

*** Vida y miseria política

Es muy penoso lo que las figuras políticas han hecho de su vida pública, pero es más penoso lo que esas vidas públicas han hecho de la política. Ahí está el caso deplorable –y nefasto, me atrevo a decir- de Juan Sabines Guerrero, un personaje perteneciente a una de las familias más ilustres del estado, que quemó su respetabilidad en el fuego de la corrupción.
Hoy, Sabines anda espantando a medio mundo con el petate del muerto. Mientras por un lado cuentan que sigue encerrado en su residencia de Acapulco, donde se embrutece de alcohol y otras sustancias tóxicas; por el otro, vocifera que Andrés Manuel López Obrador lo ratificará en el consulado de Orlando, Florida, porque –según él- tiene una factura pendiente por cobrarle al presidente.
Juan Sabines es un político traicionero, un oportunista y un pillo de siete suelas que no tiene ninguna autoridad moral para reclamar un espacio en la cuarta transformación.
Llegó a Chiapas a finales de los noventa. Era un muerto de hambre que no tenía para darle de comer a su familia. Bajo recomendaciones de su señora madre, el priista Manuel de la Torre le dio alojamiento y comida en su casa. También lo presentó a la clase política, con los empresarios (quienes pagaban sus gastos) y hasta logró conseguir que José Antonio Aguilar Bodegas, entonces dirigente estatal del PRI, le diera trabajo en el partido.
Obvio, todas las molestias que el profesor De la Torre y demás personas se tomaron para darle comodidades y abrirle un espacio en el inextricable camino de la política, no era por él porque no tenía ningún mérito, ni amigos, ni aliados. Fue por el respeto que le guardaban a su padre, el exgobernador Juan Sabines Gutiérrez, y por lo que representa su apellido en Chiapas. Y a pesar de todo, los traicionó.
A Manuel de la Torre lo envió a prisión a los ocho días de haber asumido la gubernatura acusándolo de atentados contra la paz y la integridad corporal y patrimonial de la colectividad y del estado. A Aguilar Bodegas le inventó delitos como asociación delictuosa y operaciones con recursos de procedencia ilícita, pero sin tener ningún fundamento.
A Pablo Salazar, quien negoció su candidatura con el PRD, que aparte financió su campaña política y cometió fraude el día de las elecciones para convertirlo en gobernador del estado, lo encarceló junto con siete de sus más cercanos ex colaboradores, como Mariano Herrán Salvatti.

ABUSOS DE PODER
Juan Sabines tomó protesta como mandatario arrastrando señalamientos de nepotismo, tráfico de influencias y corrupción durante su paso por la alcaldía de Tuxtla Gutiérrez.
¿Recuerda el proyecto Agua para todos, todos los días? Pues sólo fue una tapadera de corrupción. Él fue el principal promotor de la privatización del servicio de limpia con la empresa Proactiva, hoy conocida como Veolia. Además, contrajo créditos impagables, firmó contratos leoninos y abultó la nómina con decenas de aviadores. Recibió el municipio con cero deudas y la entregó con un endeudamiento de 775 millones de pesos.
Asumió el poder, pero nunca tuvo un plan de gobierno. De hecho, su administración se trató en realidad de una suma de programas absurdos e imposibles de realizar, como la construcción de un aula cada tres horas. La cobertura universal de salud fue una farsa. Y la Carta Magna Siglo XXI consistió en reformas discriminatorias, arcaicas y violatorias de los derechos humanos. Las famosas Ciudades Rurales Sustentables, que costaron grandes fortunas, hoy son pueblos fantasmas, íconos de la corrupción de Juan Sabines que dilapidó monstruosas cantidades de dinero en la promoción de su imagen.

Durante ese sexenio (2006-2012), la Federación destinó grandes recursos para el desarrollo de la entidad. No obstante, según el informe de 2012 de Coneval, Sabines Guerrero dejó a Chiapas ocupando el primer lugar en pobreza y pobreza extrema. Incluso, su gestión propició la suma de 300 mil pobres más.
El gobierno de Juan Sabines se caracterizó por la represión, las amenazas y el cobro de facturas políticas. Quizá lo peor de su periodo fue el incremento de la tasa de mortalidad infantil y materna, el abandono del sector salud, el desastre educativo en el que Chiapas ocupó el primer lugar en analfabetismo y último en aprovechamiento escolar. Asimismo, la crisis de producción agrícola, conflictos políticos, altas cifras de secuestros, desapariciones forzadas, homicidios e impunidad.
En el último año de su gobierno hubo 85 feminicidios, la menor de las víctimas, de tan sólo diez años de edad, fue violada por ocho hombres y luego asesinada por dos tratantes. Hasta el día de hoy el caso sigue sin castigo. Y en esa misma situación está el homicidio de Mariano Abarca Roblero, líder del movimiento antiminero en la Sierra Madre de Chiapas, que fue acribillado a balazos por hombres presuntamente ligados a la empresa minera Blackfire.
Los autores materiales del crimen fueron encarcelados, pero los dejaron en libertad a los pocos días, supuestamente porque Sabines Guerrero tenía intereses económicos con ese consorcio canadiense.
El día que Juan Sabines empezó su gobierno, Chiapas tenía un adeudo de 881 millones de pesos. Al concluir, ascendía a los 40 mil millones entre deuda pública y con proveedores. Algunas versiones periodísticas indican que el exgobernador prestó dinero hasta con los empresarios.
Los seis años de la administración sabinista fueron un festín de rapiña, en los que políticos pobres terminaron en la opulencia. Como el propio Sabines, que de no tener ni para comer, hoy tiene lujosas propiedades en Cancún, la Ciudad de México, Tlaxcala, Querétaro y Estados Unidos. Hay rumores de que actualmente está viviendo en Acapulco, en un lujoso departamento en la Torre Acqua que compró a una actriz en varios millones.
Uno de los más importantes actos de corrupción de la administración sabinista fue la ilegal bursatilización de 4 mil 200 millones de pesos del erario público, invertidos en la Bolsa Mexicana de Valores, por la que Carlos Jair Bolaños Cacho, ex secretario de Hacienda, y la prima del ex mandatario, Mayda Guerrero, se embolsaron una comisión de 88 millones de pesos sólo por ser intermediarios.

¿LO PERMITIRÁ AMLO?
Así que, con toda esta biografía, ¿lo acogerá el presidente en su gobierno?
López Obrador debería entender que Juan Sabines representa lo peor de la miseria política. Encabezó un gobierno corrupto, olvidado del pueblo y que hoy acumula varias demandas penales por peculado, enriquecimiento ilícito, abuso de funciones, entre otros. Incluso está denunciado por nexos con el crimen organizado. Se dijo que cada mes recibía 25 mil dólares de un grupo del narcotráfico que pedía a cambio operar en el estado con total libertad.
También debería recordar que su voto fue crucial para que Sabines obtuviera la candidatura del PRD al gobierno del estado, y que Sabines lo traicionó en 2012 al meterle dinero del erario público a la campaña de su adversario Enrique Peña Nieto. Y que por eso fue nombrado cónsul en Orlado.
Consentir que Sabines vuelva al consulado en lugar de enviarlo a la cárcel, sería apapachar la corrupción, premiar el crimen, enmugrecer la cuarta transformación. Porque el torvo exgobernador no busca contribuir en el desarrollo del país, sino impunidad para disfrutar sus millones. ¡Chao!

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